Las relaciones Franco-Hitler

Las relaciones entre Franco y Hitler se inician prácticamente tras el estallido de la rebelión militar del 17 de julio de 1936. El canciller del Reich acude con ayuda militar (en un principio aviones de transporte de tropas) al bando que desde entonces se llamara nacional, pese a que formalmente Alemania mantiene el pleno reconocimiento político y diplomático al régimen republicano. A lo largo de la Guerra Civil esas relaciones se irán incrementando en forma de apoyo financiero (Hisma), militar (Legión Cóndor), reconocimiento oficial y sobre todo con una identificación ideológica y política que va a situar a la España vencedora en la fratricida Guerra Civil en el área de influencia del eje italo-germano; esto es, de los fascismos. Pero sin duda, que el momento más apasionante de las relaciones entre ambos dictadores se va desarrollar entre junio de 1940 y febrero de 1941. Un angosto periodo de ocho meses plenamente intenso, en el que Franco estuvo tentado de incorporar a España en la Segunda Guerra Mundial junto a Alemania e Italia.
La Guerra Civil española ha concluido en marzo de 1939 con la derrota absoluta del bando republicano o de los rojos. Los últimos intentos de Negrín para alargar lo más posible la resistencia ha sido imposible. La rebelión del coronel Casado ha provocado una pequeña guerra civil entre unidades del ejército republicano y, lo que es más importante, su definitiva debacle. Conectar con el conflicto europeo, última opción republicana, no ha sido posible porque Inglaterra y Francia han cedido a las presiones de Hitler en Munich en septiembre de 1938, concediendo a Alemania vía libre para incorporar a las fronteras del Reich el territorio de los sudetes, en la que vive una minoría de tres millones de alemanes, que habían quedado embolsados en el nuevo Estado de Checoeslovaquia, creado después de la Primera Guerra Mundial. Pero tan sólo se han ganado unos meses para la paz. Las exigencias de Hitler para acercar Dantzig (Prusia Oriental) a Alemania a través de un corredor polaco se encuentra de lleno con la resistencia polaca y la negativa a ceder de franceses y británicos. La guerra está en el inmediato horizonte. En España, el embajador de Francia, mariscal Pétain inquiere de Franco cuál va a ser su actitud. El Caudillo le asegura que España se mantendrá neutral.
Pocos días después, 21 de agosto, Pétain vuelve a recibir de palabra toda clase de explicaciones sobre la neutralidad española. En esta ocasión quien se las ofrece es el nuevo ministro de asuntos Exteriores Juan Beigbeder. Ese mismo día Franco escribe a Mussolini brindándose para mediar entre quienes son claramente beligerantes: Alemania, de un lado, y Francia e Inglaterra, de otro. Hace unas fechas que se ha trasladado de Burgos a Madrid y mientras que le reforman el antiguo pabellón de caza de los borbones, que es el palacio de El Pardo, su definitivo lugar de residencia, se queda un tiempo en el castillo de Viñuelas, propiedad de la Casa del Infantado. Al general le parece abominable una guerra entre potencias de Europa occidental, cuyo desgaste, con independencia de quien resulte vencedor, revertirá exclusivamente en beneficio del expansionismo de la Unión Soviética. Esa batalla, la lucha contra el comunismo, sí la desea; la otra no. Mussolini tampoco está muy seguro y aunque no acepta la sugerencia de Franco de interceder ante Hitler para detener el conflicto -«sería una deslealtad»-, sí le dice al Führer que Italia no está preparada para embarcarse en la guerra.
El 23 de agosto el mundo contempla un hecho insospechado e inimaginable. Los ministros de Exteriores alemán y soviético, Ribbentrop y Molotov, respectivamente, estampan su firma en Moscú, en presencia de Stalin, en el tratado de no agresión germano-soviético. Para casi todos es una «sorpresa, tremenda sorpresa» . La suerte de Polonia está echada. Alemania y Rusia han acordado repartírsela para reordenar sus fronteras a como estaban antes de la primera gran guerra. Franco lo lamenta. Polonia es un país declaradamente anticomunista y le guarda afecto por su catolicidad y el apoyo moral prestado por sus dirigentes durante la guerra civil. El 31 de mayo pasado había recibido del presidente polaco Stanislas de Pilcicki la imagen de la virgen ante la que él y su esposa rezaban a diario por el triunfo de los nacionales. Quizá por ello, el 3 de septiembre, rotas ya las hostilidades y presentado el ultimatum franco-británico, Franco redacta un comunicado que es leído en las emisoras de radio y publicado después en los periódicos. Su deseo de que la guerra fuese limitada y no se extendiese, sobre todo al Mediterráneo, se vería pronto desbordado.
«Con la autoridad que me da el haber sufrido durante tres años el peso de una guerra para la liberación de mi Patria, me dirijo a las naciones en cuyas manos se encuentra el desencadenamiento de una catástrofe sin antecedentes en la Historia para que eviten a los pueblos los dolores y tragedias que a los españoles alcanzaron, no obstante la voluntaria limitación en el empleo de los medios de destrucción, horrores que serían centuplicados en una nueva guerra. Es de gran responsabilidad extender el conflicto a mares y lugares alejados del foco actual de la guerra, sin razón imperiosa que lo justifique. Su extensión, sin beneficio para los beligerantes, produciría hondísima e insuperable perturbación en la economía del mundo, pérdida incalculable en su riqueza y paralización de su comercio, con grave repercusión en el nivel de vida de las clases humildes. Cuanto más se amplíe la contienda, más se siembra el germen de futuras guerras. En estas condiciones apelo al buen sentido y responsabilidad de los gobernantes de las naciones para encaminar los esfuerzos de todos a localizar el conflicto actual.»
Y al día siguiente desde las páginas del BOE remacha así la neutralidad de España : «Constando oficialmente el estado de guerra que, por desgracia, existe entre Inglaterra, Francia y Polonia, de un lado, y Alemania de otro, ordeno por el presente decreto la más estricta neutralidad a los súbditos españoles, con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho Público internacional.» Al llamamiento del Caudillo tan sólo responde el secretario de Estado norteamericano. El 6 de septiembre Cordell Hull se adhiere a la propuesta española. «El Gobierno de los Estados Unidos comparte en absoluto la opinión de que la extensión del conflicto actual causaría sufrimientos indecibles a las poblaciones inocentes de los países que pudieran ser arrastrados a la guerra, así como a los pueblos de otros países. Por ello el Gobierno de los Estados Unidos acoge la iniciativa del jefe del Estado español y, por su parte, está dispuesto a emplear toda su influencia, como lo hizo en el pasado, para el restablecimiento y mantenimiento de la paz entre las naciones.»
El 23 de febrero de 1940 el Gobierno aprueba la Ley de represión de la Masonería y el Comunismo. Se trata de una ley especial que obedece al impulso personal de Franco. De hecho serán a lo largo de su vida sus dos obsesiones permanentes. La prensa, identificada plenamente con el naciente régimen, presenta a la masonería y el comunismo dentro de una gran «conjura internacional», que obedece al «contubernio judeomasónico». Ser liberal es un estigma. Pertenecer a la masonería o al comunismo es un gravísimo delito.
Desde el fin de la campaña polaca la guerra está en fase durmiente, lo que puede dar pie a entablar negociaciones de paz. Todas las propuestas hechas desde Alemania en ese sentido han sido rechazadas. Francia e Inglaterra no admiten otra posibilidad que la de restituir la frontera polaca al uno de septiembre pasado y devolver a Checoslovaquia los territorios que tenía en 1938. La visita de Summer Welles, enviado especial del presidente Roosevelt, a los países en conflicto se salda con un formidable fracaso. Y con un revés añadido para España al no querer siquiera recibir en Londres al duque de Alba. El 9 de marzo Hitler escribe a Mussolini. Con referencia a España, le dice que la neutralidad de Franco en la guerra ha sido beneficiosa para la política del eje. A mediados de marzo ambos dictadores se reúnen en el Brennero. El Führer da cuenta del estado de la contienda y su evolución futura, de la disponibilidad del ejército alemán y las razones que le movieron para suscribir el pacto con Stalin. Para Hitler, que comprende las razones que llevaron a Mussolini a no participar a su lado en la lucha, «Alemania ha alcanzado ya sus fines expansionistas». Sin embargo, ante la actitud anglofrancesa, «el pueblo alemán no tiene más alternativa que luchar hasta la victoria». Está plenamente convencido de que derrotará a las potencias occidentales y de que la suerte de Italia está indisolublemente unida a la de Alemania. El Duce, por su parte, explica la situación de su país en el que ya no cabe por más tiempo permanecer neutrales. «La entrada de Italia en el conflicto es inevitable».
En los primeros día de abril el Tercer Reich ocupa Dinamarca sin apenas resistencia y desembarca en Noruega. El teniente coronel Barroso desde París sigue enviando a Madrid constantes informes. En el del 17 de abril recoge la euforia de los aliados en el triunfo de sus armas. Pero Barroso ya no cree tanto en ellas como hace unos meses. «Los aliados cantan victoria y hasta escritores militares como el General Duval, que ve con frecuencia censurados sus artículos, estiman que la situación es bastante despejada para aquellos. Modestamente creo que no deben los franceses exagerar el optimismo. Hoy los alemanes son dueños absolutos de Dinamarca, con lo que ello representa desde los puntos de vista estratégico y económico. Han logrado apoderarse de la capital de Noruega.» Así las cosas, los rumores se ceban sobre una supuesta invasión de la Península por parte de Alemania y del archipiélago balear por el lado de Francia. El ministro Beigbeder se hace eco el 29 de abril de una burda intoxicación fabricada en la Embajada italiana que remite a Franco con esta apostilla: «Mi Caudillo. He aquí una información verosímil. Estos señores se achican enseguida y tienen pánico. Respeto y lealtad.» El texto de la supuesta invasión alemana dice así:
«En la Cancillería de la Embajada de Italia en Madrid se comenta, entre italianos y dándolo casi por descontado, que España será la próxima «Noruega», debido a las intrigas inglesas y al estado político del País y a lo mucho que en él abundan los tontos y los malvados. Han añadido que son muy numerosos los españoles que acuden a la Embajada de Italia para contar sus cuitas y el abandono y desaciertos de las autoridades españolas, buscando el apoyo italiano para arreglar sus asuntos. Por eso Italia cuenta con una red bastante extensa y bien situada de informadores españoles, no obstante lo cual prosigue la recluta de estos. La Embajada muestra gran interés en deshacerse de las pesetas que posee Italia.»
Y unos días después es el teniente coronel Antonio Barroso quien da la voz de alarma ante las intenciones francesas de ocupar las Baleares. Esta denuncia sí tiene entidad. El embajador Lequerica protesta ante el ministro de Defensa galo Edouard Daladier, quien reconoce que «efectivamente se había creado en altas esferas oficiales preocupación Baleares por referencias Españolas tenía ofrecidas a Italia para la eventualidad guerra lo que aprovechaban nuestros enemigos para su campaña.» Una vez examinada la situación, Franco decide no reforzar las islas Baleares y dejar las cosas como están. El informe de Barroso es éste:
«Llevamos una semana muy agitada por la gran tensión que existe con Italia. Hay el temor de que Paul Reynaud y la trinca socialista que le apoya quiera hacer algo en el Mediterráneo y ese algo vaya dirigido contra nosotros. Yo no lo creo porque espero que Francia tendrá empeño en que el Pirineo no le cause preocupaciones, pero de todos modos conviene vigilar mucho y estar preparados a todo porque no hay que olvidar que los que aquí mandan son los que apoyaban abiertamente una intervención en España cuando nuestra guerra y siempre tienen clavada la derrota que han sufrido los rojos. Hoy estuve en el Estado Mayor y me dijo el coronel del 2eme Bureau, M. Mierry, que no creía en la próxima intervención de Italia. Italia atacará, me dijo, cuando los alemanes lo hagan a nuestro frente o al de Bélgica Holanda, que viene a ser lo mismo, a menos que no sean los Balcanes los que provoquen su intervención. Como ve, señor ministro, aquí no dudan de la intervención de Italia para un plazo más o menos corto. En cambio, en general, se admite la seriedad de nuestros propósitos de mantenernos neutrales. Hay el temor, eso sí, de que Italia pretendiera dar un golpe de mano en Baleares y por eso se habla de ganarle la mano. Si ven que aquello lo reforzamos y que es difícil intentar un desembarco, entonces ni unos ni otros se atreverán. Por eso es importantísimo que vean que enviamos fuerzas y material en abundancia a las islas e incluso, a mi modestísimo modo de ver las cosas, no dañaría que lo hiciésemos público. Ahora bien, si pensamos mantenernos neutrales, pidamos algo por nuestra neutralidad y no la demos de balde. Estos señores estarían dispuestos a dar. Les importa mucho nuestra actitud.»
La drôle de guerre, la guerra de mentira, se ha acabado y el mundo está a punto de paralizar el aliento. El 10 de mayo el cuerpo de ejércitos de von Rundstedt y las panzerdivisionen de Guderian atacan a Francia por los Países Bajos, por encima de la línea Maginot. Un increíble desastre se cierne sobre ella. A Mussolini le hierve la sangre. Sueña con su misión histórica de dar a Roma un nuevo imperio labrado por el fascismo y decide personalmente, en contra de casi todos, llevar a Italia a la guerra para la que en modo alguno los italianos están preparados. Unos días antes el presidente Roosevelt, el primer ministro francés Reynaud, el papa Pío XII y hasta el mismo rey Víctor Manuel le han pedido que no vaya a la guerra. Franco se une a este coro y el 3 de mayo le envía un mensaje en el que además de ratificar su neutralidad le pide que demore su decisión «Creo muy acertado cualquier cosa que usted pueda hacer para diferir el momento de la intervención italiana.» Pero el Duce está resuelto. Y eso que hace escasamente veinte días no era partidario de entrar en liza hasta por lo menos el mes de agosto, después de la recogida de la cosecha. Luego, incluso, alargaría el plazo a la primavera del 41. Pero la sorprendente debacle francesa precipita su beligerancia. Su yerno Ciano, así lo recoge en su diario: «Es humillante permanecer inactivos. Cuenta poco el que gana. Para hacer grande a un pueblo hay que llevarlo al combate, y, si es necesario, dándole puntapiés en el culo.»
El 16 de mayo los tanques de Guderian rompen en dos a las fuerzas alglobritánicas. Paul Reynaud llama a París al mariscal Pétain. Es un último intento desesperado que no dará resultado alguno. El embajador acude a despedirse de Franco y éste le dice que no vaya, que se encarguen los políticos de arreglar el problema creado. Reynaud hace un gabinete de crisis. Pone a Pétain de vicepresidente y sustituye al mariscal Gamelin por el general Weygand. El 18 Lequerica informa que el ministro Jean Ibarnegaray quiere desplazarse a Madrid urgentemente para negociar con Italia. Viene con plenos poderes. A Franco, que ha visto como los beligerantes han despreciado anteriormente sus ofertas de mediación, la noticia no le gusta porque puede colocarle en una situación incómoda ante Hitler y Mussolini. Toma cartas directamente para rechazar la visita. Y escribe a Lequerica. «No obstante ser a España grato el propósito de paz que persigue la propuesta del viaje, así como el reconocimiento de la necesidad de la presencia de España en cuanto afecte al mar Mediterráneo, la visita de un ministro francés a España durante la guerra, desfiguraría ante el mundo la situación de neutralidad española y sólo podría ser aceptada si se contase con la seguridad de éxito en el alto fin perseguido, difícil en los momentos actuales de la lucha, pero que discretamente exploraremos por los altos fines que persigue y gran amplitud que encierra.»
Por su parte Beigbeder remacha también a su embajador. «Con la discreción y el tacto en V. E. habituales, ruégole haga saber a eses Gobierno que venida a España del señor Ibarnegaray no lo creemos conveniente de momento, dada nuestra situación de neutralidad, convenciéndoles de que deben aplazar ese viaje.» Mussolini, alineado ya en la beligerancia, no pierde un minuto en acusar recibo del telegrama de Franco: «Concordo pienamente nella risposta data da Vostra Eccellenza al Goberno Francese circa il viaggio in Spagna del Ministro Ybarnegaray; sotto ogni punto di vista tale viaggio é infatti da considerarsi intempestivo. Nel ringraziare Vostra Eccellenza per la cortase comunicazione colgo l’occasione per inviari vi i miei piú amichevoli fervidi saluti. Mussolini.» Por esas fechas Franco sigue siendo firme partidario de la neutralidad. Así se lo expone a Zuloaga mientras en horas y horas de sesión le pinta su famoso retrato. «Todo, antes de salir de la neutralidad».
A finales de mayo el gobierno francés sueña todavía con detener el avance de la Wermacht. Y entre otras cosas trama invadir España con un cuerpo de ejército en el que se incluyan unidades exiladas de las fuerzas republicanas derrotadas. Se tantea a Miguel Maura, quien no se muestra partidario. No obstante lo comenta con Claudio Sánchez Albornoz. El historiador da un respingo: «La historia nos lapidaría si aceptáramos servir de títeres a la maniobra francesa y penetrásemos en nuestra patria apoyados en un ejército extranjero». Maura le revela que Alcalá Zamora, con el que ha hablado en Pau, también está en contra. «Me ha dicho que no entrará jamás en España al frente de las bayonetas francesas». Después van a exponérselo a Azaña. Albornoz olvida en ese instante los reproches que le ha espetado en ocasiones anteriores por su debilidad en vísperas de la guerra civil . «El único pecado de Azaña –escribe Albornoz- había sido su flojera. Su flojera frente a los enemigos de fuera y de dentro de la República; frente a quienes rezaban una salve para que le asesinaran y a quienes le acusaban de burgués reaccionario. Su falta de agallas para restaurar el orden público cayera quien cayera, en instantes en que aún era tiempo de salvar a España de la guerra civil, y para jugarse entero por la causa de la paz cuando aún era posible negociarla. Y su falta de coraje para, en una u otra ocasión, tener la gallardía de arriesgarlo todo por la libertad, incluso la vida.» El ex presidente, que reside en Pyla-sur-Mer, y está al borde de la muerte, no es menos enérgico y digno, recuerda Sánchez Albornoz en su Anecdotario político. «Cuando la charla terminó y se hizo pública la coincidencia de Azaña con Alcalá Zamora al negarse a cruzar los Pirineos con el ejército francés y al preferir el campo de concentración a la traición a la historia española, se acentuó mi dolor lastimero al ver en los umbrales de la muerte a quien luego califiqué de encarnación y víctima de la segunda República española.»
El 4 de junio Gran Bretaña salva la mayor parte de su cuerpo expedicionario por las playas de Dunkerque. El 6 los alemanes rompen la línea del Somme, dejando abierto el camino hacia París. Y el diez Italia declara la guerra a Francia e Inglaterra. Mussolini quería haberse adelantado cinco días, pero Hitler, entusiasmado con su nuevo compañero de trinchera (pronto se daría cuenta de la penosa carga que Italia iba a suponer al Tercer Reich), le había pedido que lo retrasase para no distraer fuerzas aliadas del frente, donde estaban recibiendo un duro castigo. Un día antes, 9 de junio, el Duce se lo ha comunicado por carta a Franco. El presidente Roosevelt, en un último intento para evitar lo inevitable, le dice a Mussolini que su entrada en liza, además de afectar a los tradicionales intereseses de Norteamérica en el Mediterráneo, supone intensificar el rearme de Estados Unidos y aumentar al doble su ayuda a los aliados. El Duce, displicentemente, le contesta que los «Estados Unidos no tienen en el Mediterráneo intereses mayores de los que tiene Italia en el mar Caribe» . Roosevelt no debe insistir.
España, pese a que Serrano Suñer había asegurado al embajador alemán Eberhard von Stohrer, que entraría en la guerra tras la declaración de Italia, decide un juego malabar de palabras; de la neutralidad a la no beligerancia. El 13 de junio el Boletín Oficial publica el acuerdo del Consejo de Ministros. «Artículo único: Se hace público el siguiente acuerdo del Consejo de Ministros: Extendida la lucha al Mediterráneo por la entrada de Italia en guerra con Francia e Inglaterra, el Gobierno ha acordado la no beligerancia de España en el conflicto. Dado en El Pardo, a doce de junio de 1940. Francisco Franco. El ministro de Asuntos Exteriores, Juan Beigbeder Atienza.» Al día siguiente España ocupa Tanger. Es lo pactado según su estatuto internacional. «Con objeto de garantizar la neutralidad de la zona y ciudad de Tanger, el Gobierno español ha resuelto encargarse provisionalmente de los servicios de vigilancia, policía y seguridad, de la zona internacional, para lo cual han penetrado esta mañana fuerzas de la Mehala Jalifianas con dicho objeto. Quedan garantizados todos los servicios existentes, que continuarán funcionando normalmente.» Inmediatamente el gobierno comunica esta decisión a los embajadores de Francia, Italia y Alemania en Madrid.
Ese mismo día 14 de junio París es declarada ciudad abierta. El gobierno francés se traslada a Burdeos, donde discute si debe seguir la guerra con el ejército de las colonias o proponer el armisticio al vencedor para que las condiciones sobre Francia sean menos duras. Se impone el criterio de Pétain, quien el 16 forma nuevo gobierno con un Pierre Laval de figura emergente desde la extrema derecha, que tratará de adecuar al país a los vientos del nuevo orden europeo. Al día siguiente Pétain le pide a su amigo Franco que interceda por Francia ante Alemania para lograr el armisticio. Este es el mensaje cifrado enviado por Lequerica desde Burdeos:
«A las doce de la noche me ha llamado por teléfono el nuevo ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno Pétain, señor Baudouin, rogándome fuera inmediatamente a la Presidencia de la República, donde me esperaba. Me han acompañado los coroneles Ansaldo y Barroso, que me han esperado en la puerta. Me ha recibido el señor Charles Roux, Secretario General de Negocios Extranjeros, introduciéndome en un salón donde me esperaba el ministro, señor Baudouin. Nos hemos sentado ante una gran mesa redonda y el ministro me ha dicho que en el momento más crítico y más triste de la Historia de Francia, deseaba confiar al Gobierno español, especialmente a S.E. el Generalísimo Franco, por quien tanta estima tiene el mariscal Pétain, un encargo trascendental. El Gobierno francés deseaba que el español transmitiera a Alemania con la máxima urgencia, pues ya todo derramamiento de sangre no respondía a un fin militar, la petición de cesación inmediata de hostilidades y al mismo tiempo las condiciones de paz propuestas por Alemania. Le he pedido me aclarara si se trataba de condiciones de armisticio o de paz o de ambas cosas. Me ha respondido que las condiciones de armisticio son siempre circunstanciales y que el interés del Gobierno francés era conocer las condiciones de paz. Bien entendido que Francia, en condiciones de inferioridad militar completa y ante un enemigo superior en número, no podría, sin embargo, aceptar condiciones contrarias a su dignidad y a su honor, prefiriendo entonces ceder a la violencia y ausentarse su Gobierno. Ha vuelto a insistir en la urgencia extraordinaria del encargo. Le he respondido en términos adecuados a la gravedad de sus manifestaciones, asegurándole que el Gobierno español recibiría inmediatamente el encargo. Incluso le he preguntado si podía transmitir, como lo hago, esta nota y la adición telefónicamente por la oficina de la Embajada en San Juan de Luz. Después de una breve consulta con el señor Charles Roux me ha dicho que sí podía hacerlo. El señor Baudouin estará, desde las 10 de la mañana de hoy en su despacho esperando la respuesta. Me retiré inmediatamente saludando en la antesala al señor Chautempax (sic) y otros ministros. Burdeos 17 de junio a las 0’30 horas.»
De madrugada von Stohrer recoge en el despacho de Beigbeder la petición del gobierno francés.
Le Gouvernement français présidé par le maréchal Pétain demande au Gouvernement espagnol d’intervenir aussi rapidement que possible auprés du Gouvernement allemand pour lui demandar la cessation des hostilités et quelles sont ses conditions de paix. Le Gouvernement français sugére que, des que le Gouvernement allemand aura pris connaissance de ses démandes, il donne des instructions á son aviation pour que cessent les bombardements des villes. Le Ministre des Affaires Étrangers. Baudonin. »
Hitler impone unas condiciones menos duras de lo esperado, incluso hasta moderadas. Su intención es atraerse a su vecino al nuevo orden que se avecina sobre Europa. Y él mismo recibe el 21, en el histórico vagón de Compiégne, donde la Alemania del Kaiser selló su amarga derrota de 1918, a la comisión francesa que firma el armisticio. Franco queda conmocionado y expectante por la caída de Francia y la volatilización del ejército francés, tan admirado por él. Pero no cabe duda de que su mediación en el armisticio le supone un timbre de prestigio personal en la ecena internacional.
El mismo día de la propuesta de paz francesa, Hitler recibe en el castillo belga de Acoz al general Juan Vigón, portador de una carta de Franco al Führer. Es la primera de una interesantísima serie epistolar cruzada entre ambos, que abarca desde el escaso interés inicial de Hitler de contar con Franco como socio para la guerra, hasta llegarle a presionar y forzarle para meterle en la contienda. Y todo en un periodo de poco más de seis meses. En esta ocasión la iniciativa es del generalísimo. Está convencido, al igual que todos sus generales, Estado Mayor y resto de la clase política, que Alemania tiene virtualmente ganada la partida. Y España, identificada ideológicamente con el carro del vencedor, quiere quitarse las espinas clavadas durante los tres últimos siglos por los imperios británico y francés. Hay ajuste de cuentas que saldar y reivindicaciones que satisfacer: Gibraltar, el oranesado, Marruecos francés, y diversas posesiones en Africa central. El mundo nada sabe entonces de políticas descolonizadoras. En España, como en Italia, hay también voluntad de imperio, de forjar uno nuevo que le devuelva su esplendor como en el tiempo de los Reyes Católicos y de los primeros Austrias. Franco se mueve con una mesura calculada. Conoce perfectamente la delicada situación interna; pobreza, escasez de recursos, de materias primas, destrucción general por la guerra civil y fuerzas armadas mal equipadas. Pero igualmente es consciente de que un momento histórico óptimo pasa por la puerta y no desea desperdiciar la ocasión. Algunos historiadores lo han definido como el momento de la suprema tentación. Su suerte, política e ideológicamente, está de manera irresoluble, unida a los totalitarismos fascistas. Visceralmente anticomunistas (el pacto de no agresión germano-soviético es un espejismo) y en contra de las caducas y podridas democracias occidentales. Ese es el lenguaje. Pero al tiempo tampoco está dispuesto a aventurarse en el fregado, como Mussolini, sin la absoluta certeza de la victoria definitiva alemana y sin unas garantías de que Alemania reconozca expresamente sus aspiraciones territoriales, de alimentos y armamento. El precio que le pone a Hitler por su concurso es muy alto.
El general Juan Vigón, jefe del Estado Mayor, ha salido de España el 10 de junio. El mimo día de la declaración de guerra de Italia. La carta lleva fecha del 3 de junio, pero es seguro que Franco, astuto y prudente, la ha escrito unos días después. Cuando las fuerzas aliadas ya han sido disipadas. Vigón le plantea primero a Ribbentrop y después a Hitler la voluntad española de participar a su lado en la guerra. Pero con la garantía de que después le serán reconocidas sus aspiraciones territoriales. La concreción no es mucha. El canciller del Reich las escucha con atención. Le satisface que España quiera participar. Gibraltar lo da como hecho, pero sobre el resto, principalmente el Marruecos francés, no está tan seguro. Quiere ganarse a la Francia de Vichy, la de Pétain-Laval, y eso puede perturbarlo. El Führer está claro que da más chance, pese a la derrota, al concurso galo que al hispano. No se compromete a nada. Por otro lado la victoria está virtualmente en sus manos. Cree que Inglaterra está forzada a aceptar su oferta de paz y la presencia de España no la ve operativamente ni importante ni decisiva. Muy pocas semanas después, tras la derrota aérea en la batalla de Inglaterra cambiará radicalmente de punto de vista. Entonces sí que será fundamental cerrar el Mediterráneo y expulsar a la flota británica conquistando Gibraltar. Y Franco también modificará su voluntad inicial hacia una mayor reserva y prudente distancia. Pero sin descolgarse. Es posible que aquellas semanas perdidas por Hitler para doblegar al león inglés fueran definitivas para sus armas.
«Al Führer y Canciller del Reich.Querido Führer:En el momento en que bajo su guía los ejércitos alemanes están finalizando victoriosamente la mayor batalla de la historia, deseo manifestarle la expresión de mi entusiasmo y admiración, así como la de mi pueblo que conmovido contempla el glorioso desarrollo de una lucha que siente como propia y que llevará a término las esperanzas que ya alumbraron en España cuando vuestros soldados compartían con nosotros la guerra contra los mismos enemigos, aún cuando camuflados.Las enormes conmociones que ha padecido España en los tres años de guerra, pues a las pérdidas propias y al desgaste nuestro hay que añadir las inmensas sufridas en territorio rojo, nos ha conducido a una situación difícil que todavía ha sido agraviada por la actual guerra, y que nos obliga a desenvolvernos en un mundo que nos es contrario y que, siempre que puede, dificulta nuestra reconstrucción, con gran daño para nuestra preparación bélica que obligatoriamente debe quedar rezagada en suministros industriales, de materias primas y carburante.A esta situación general hay que añadir las especiales condiciones en que se encuentran nuestras islas y los territorios separados de la metrópoli (madre patria) por el mar, que nos han obligado a mantener una conducta de neutralidad oficial en permanente vigilia para rechazar con la mayor energía cualquier ataque que, en relación con la extensión de la guerra, pudiera iniciar contra nosotros el eterno enemigo de nuestra Patria.No necesito asegurarle cuan grande es mi deseo de no permanecer ajeno a sus preocupaciones y cuan grande mi satisfacción de prestarle en cada momento los servicios que Vd. Considere como los más valiosos.En consideración a las circunstancias actuales he considerado adecuado el elegir, como portador de este escrito, al general Vigón, jefe del Alto Estado Mayor General y distinguido combatiente en nuestra campaña, ya que podrá informarle debidamente sobre la situación y sobre todo lo que atañe a nuestra nación.Con los mejores deseos para el futuro y la grandeza de Alemania y con la expresión de mi inalterable amistad y afecto.»
Wilhelm Canaris, jefe del Abwehr (Servicio de Información) viaja a Madrid. Estamos a finales de junio de 1940. El almirante se entrevista con Beigbeder y Vigón, a quienes cuenta que Alemania está en el momento decisivo del ataque contra Inglaterra. Cree que la isla puede resistir y no ve fácil un desembarco. Le preocupa la actitud rusa, se muestra conforme con las reivindicaciones españolas, estudia con el general Vigón un posible ataque conjunto a Gibraltar y no le agrada que Italia haya entrado en guerra. Por ello es partidario de que España se mantenga neutral. Su entrada en el conflicto distraería parte del esfuerzo bélico alemán y necesita concentrarlo todo sobre Inglaterra. Tras la conversación el ministro Beigbeder le pasa a Franco el texto de la misma que aquí sintetizamos. Los subrayados y anotaciones al margen son de Franco.
«Se habló de que estábamos en el momento decisivo del ataque a Inglaterra, Canaris tiene sus preocupaciones, pues dice que la isla puede resistir, y aunque se la pueda dañar con la aviación, no cree fácil un desembarco. Es la única personalidad alemana que no manifiesta un optimismo exagerado.Cree que debemos seguir siendo neutrales y no hacer nada por extender el conflicto. Ese es el interés de Alemania, hasta el punto de que no les ha agradado la entrada de Italia en la guerra. Le hicimos presente a Canaris, los esfuerzos que hace Italia por irnos metiendo poco a poco en beligerancia. Se le relató el caso italiano reciente de pretender hacer un bombardeo de Gibraltar, y nuestra actitud. Canaris quedó conforme.Canaris sabe ya nuestra oferta a Berlín de pasar poco a poco a la no beligerancia, previas las condiciones que tú ordenaste (preparar opinión y recibir material) [Franco al margen: ojo] Sobre este último punto quedó en hablar con Vigón mañana por la mañana, para hacer un tanteo de lo que se necesita. Vigón hizo observar que ahora lo necesita todo Alemania para el acto decisivo y que una intervención prematura nuestra tendría como consecuencia debilitar a Alemania, ya que tendría forzosamente que darnos muchos elementos…»
Las reservas y reticencias alemanas sobre la participación de España en la guerra apenas se mantendrían tres o cuatro semanas. Desde primeros de agosto, la operación Felix (asalto a la fortaleza de Gibraltar), pasaría a ser para Hitler y su Estado Mayor, prioritaria y decisiva .
El 1 y 2 de julio el embajador William C. Bullit, enviado especial del presidente Roosevelt y amigo personal suyo, se entrevista en París con José Felix de Lequerica. Hablan de las posibilidades de resistencia que pueden ofrecer los británicos y de cómo puede quedar el mapa de Europa, Africa y Oriente Medio tras el triunfo de Alemania. Tiene interés de pasar por Madrid, quizá para compensar el desaire de Summer Welles de hace cuatro meses, y regala los oídos del embajador sobre el enorme prestigio que Franco estaba adquiriendo en todo el mundo. Lequerica tarda unas horas en ponerlo en conocimiento de su ministro. «Añadió que prestigio S.E. el Jefe del Estado era extraordinario en todo el mundo por reconocerse su recta y honesta intención y creía ese prestigio podía ponerse servicio fines de paz. Estados Unidos por su parte miraban gran simpatía España y S. E. el Jefe del Estado pudiendo contribuir obra indicada. Me ratifiqué en anterior manifestación. Me preguntó que pensaba pretensiones Alemania con referencia Inglaterra. Le dije las ignoraba pero imaginaba Inglaterra tendría que ceder posiciones clave Mediterráneo concretamente Gibraltar en cuyo punto preciso se manifestó enteramente de acuerdo.»

El 20 de julio Canaris regresa a España para estudiar con Vigón el ataque a Gibraltar. Franco reivindica su soberanía, porque «la unidad española no estará completa mientras no haya sido devuelta la roca a España». El ambiente, espoleado por la propaganda, es de entusiasmo. España parece acercarse a la guerra. Incluso el premier inglés y su gobierno, previa recomendación del embajador Hoare, se muestra dispuesto «a reconsiderar el futuro de Gibraltar después de la guerra si Franco no atacaba el peñón durante la misma». Y el subsecretario Butler le dice al duque de Alba, embajador en Londres, que «Inglaterra está dispuesta a considerar más adelante todos los problemas y aspiraciones de España, incluso el de Gibraltar.» Pese a estas declaraciones políticas, más de forma que de fondo, Londres decreta sobre España el bloqueo impidiendo que le lleguen de Estados Unidos carburante y cereales, imprescindibles para sobrevivir. Por esos días se verifica la firma adicional del protocolo de amistad y no agresión hispanoportugués, que desata ahora el malestar alemán, con su consiguiente nota de protesta. Desde Berlín entienden que es un acercamiento a Gran Bretaña. Cogido entre ambos fuegos, el coronel Beigbeder trata de buscar una solución, que expone a Franco. «Mi Caudillo. Este es el resultado de las gestiones de Cárdenas [embajador en Washington, que está tratando de que salga petróleo hacia España]. Acaso sea conveniente dulcificar las campañas de prensa contra Inglaterra y Estados Unidos mientras dure este conflicto de la gasolina: yo creo sinceramente que será conveniente.» Y aprovechando un despacho del encargado de negocios en la Embajada de Berlín, Luis Vidal, apostilla lo siguiente: «Sobre Portugal quiero contestar que se trata de un acto de política exterior española de una gran importancia, pues gracias a él son paralelas las políticas exteriores de ambos países. Se ha conseguido extraer en parte a Portugal de la órbita inglesa y atraerla a la nuestra.»
Los informes de Canaris sobre las posibilidades de culminar con éxito un ataque a Gibraltar son examinados por el Oberkommand de la Werhmacht (Estado Mayor del Ejército) que, animado por el almirante Raeder; tiene que ser «uno de los golpes más graves que asestemos a Inglaterra». El alto mando alemán aprueba llevar a cabo un golpe de mano fulminante, que expulse a los británicos del Mediterráneo occidental y les corte sus suministros por esta área. El Führer da, ahora sí, prioridad absoluta a la operación Felix, y para ello es necesario contar con el concurso de España. El 2 de agosto, von Ribbentrop se lo comunica a von Stohrer: «Para su información personal, y estrictamente confidencial. Lo que queremos conseguir ahora es la pronta entrada de España en la guerra». Franco recibe al embajador alemán el 8 de agosto. Le asegura que España está deseosa de entrar en la contienda al lado de Alemania; pero para ello es necesario tener la absoluta garantía previa de que el Reich reconocerá después de la guerra que Gibraltar, Marruecos francés, el Oranesado, Sahara y Africa ecuatorial, pasarán a formar parte del nuevo imperio español, y que es imprescindible recibir armas modernas, trigo, petróleo y otras materias.
Magaz cede su cargo de la Legación de España en Berlín al general Eugenio Espinosa de los Monteros. Hace falta una persona más cercana en el sentimiento de amistad hacia Alemania y Magaz para nada lo era. Sin embargo, el nombramiento del general Espinosa no es del agrado de Serrano y la relación entre ambos acabará en unos pocos meses como el rosario de la aurora. Al salir hacia Berlín en los primeros días de agosto de 1940, el flamante embajador se lleva dibujado el nuevo mapa con las aspiraciones territoriales españolas. La colaboración de España con el eje debe pasar previamente por ese reconocimiento. Es algo que debe hacer entender bien a los alemanes. Beigbeder se lo recuerda así a Franco:
«Mi Caudillo: Con respecto a lo de Marruecos Espinosa se llevará el croquis del Imperio africano que tú aprobaste después de corregir. Simultáneamente saldrá la nota para Italia.Si Espinosa lleva la nota puede discutir el asunto.Quedan pendientes las cartas a Hitler y Mussolini sobre el mismo asunto cuya remisión debe ser ulterior hasta ver el efecto de las notas.»El escrito a Hitler puede esperar unos días. Serrano Suñer, por unas semanas aún ministro del Interior, va a viajar a Berlín en septiembre, y a la vista del resultado de las conversaciones que mantenga con el Führer y Ribbentrop, así se verá lo que más conviene.Franco no demora la carta a Mussolini. El 15 de agosto le escribe. Le informa de su deseo de entrar en guerra y de los territorios que reclama. Ninguno de ellos choca con los intereses de Italia y espera del Duce su apoyo ante Hitler para conseguirlos.
«Querido Duce:Desde el principio de la presente guerra ha sido nuestra intención hacer toda clase de esfuerzos para intervenir en el momento en que se presentase una ocasión favorable hasta donde pudieran nuestras posibilidades, aunque la escasez de bienes que nos son esenciales y la interrupción de comunicaciones con Italia y Francia hayan impedido toda acción hasta este momento.La rápida y demoledora victoria de Flandes ha traído un cambio a la situación; la derrota francesa ha liberado nuestras fronteras aliviando la grave tensión que, con los marroquíes, hemos sufrido desde nuestra guerra.Desde ese momento nuestro horizonte se ha aclarado; se ha posibilitado nuestra acción y ésta puede resultar muy eficaz cuando se hayan resuelto las dificultades de abastecimiento.De acuerdo con este curso de acción, tras la entrada de vuestra nación en la guerra, adoptamos una posición más clara pasando del estado de neutralidad al de no beligerancia, lo que produjo inevitablemente grandes repercusiones en el extranjero; sin embargo, esta postura reavivando suspicacias y enemistades, produjo la ofensiva anglo americana contra nuestras fuentes de abastecimiento, agravada recientemente por las nuevas medidos tomadas por los EE.UU. contra las exportaciones y por el bloqueo inglés, creando así una situación de seria tensión en nuestras relaciones con ambos países.Las consecuencias que la derrota francesa tendrá inevitablemente para el futuro de los territorios del Norte de Africa, me movió a instruir a mi embajador en Roma, cuando llegó ese momento, para manifestaros las aspiraciones y reclamaciones de España, tradicionalmente mantenidas a través de la política exterior española y que está hoy más presente que nunca en nuestras mentes; ésos son territorios sojuzgados como resultado de la política franco inglesa de preeminencia y expolio que ha infligido a Italia igualmente tantas heridas. Las legítimas aspiraciones españolas están en este caso combinadas con la necesidad de protección que elimine una extensa y débil línea fronteriza y la protección de nuestras líneas de comunicación con las Islas Canarias.Así, además de lo que ya ha hecho para el establecimiento de un nuevo orden tras años de dura lucha, España añade otra contribución preparándose para ocupar su lugar en la lucha contra nuestros comunes enemigos.En relación con ello, hemos pedido a Alemania los elementos que resultan indispensables para nuestra acción y hemos dado impulso a nuestros preparativos haciendo el máximo esfuerzo para mejorar la situación de abastecimientos cuanto es posible.Por todo ello, VE. comprenderá la urgencia de escribir pidiendo vuestro apoyo para estas aspiraciones para reforzar nuestra seguridad y grandeza, a cambio de lo cual, VE. puede contar absolutamente con nuestra ayuda para vuestra expansión y futuro.Con la seguridad de mi máxima aspiración por los bravos camaradas italianos que luchan tan gloriosamente, os mando mis más cordiales saludos…Francisco Franco.»Ciano en su diario anota la recepción de esta misiva. «El Duce ha preparado una carta resumen para Hitler y ha recibido otra interesante de Franco. El Caudillo habla de la próxima entrada de España en la guerra. Se ha dirigido ya a los alemanes para obtener todo lo que necesita; no nos dice qué es.»
Mientras se prepara con detalle el viaje de Serrano Suñer a Berlín, Vichy entrega a España a varios líderes republicanos. Julián Zugazagoitia, Luis Companys, Francisco Cruz Salido, Miguel Salvador Carreras, Teodomiro Menéndez y Cipriano Rivas Cherif. Juzgados por tribunales militares, los tres primeros serán condenados a muerte y pasados por las armas. Otros como Azaña, y Largo Caballero, ambos muy enfermos, siguen confinados en los departamentos asignados por las autoridades de Vichy. Sobre el Atlántico, costa francesa y británica, se desarrolla la batalla aérea de Inglaterra, que concluirá sin que Alemania afirme su hegemonía en el aire. Canaris ha vuelto por España, al menos, un par de veces para puntualizar el armamento que pide el Ejército y los detalles sobre el ataque a Gibraltar. Una vez más recomienda que España siga siendo neutral. No obstante el ataque al peñón queda sellado para el ejército alemán, que en el diario de guerra del Estado Mayor, se anota el 2 de septiembre: «Cuanto ha pedido España como condición de su entrada en la guerra no será obstáculo para atacar Gibraltar» . Las dificultades que surgirían luego serían, pues, de tipo político y el tiempo se encargaría del resto. Con este bagaje Serrano Suñer viaja a Berlín el 13 de septiembre con un gran séquito. Suñer, además de cuñado de Franco, es de hecho ya ministro de Exteriores in pectore (los días del coronel Beigbeder están contados) y la jerarquía de mayor influencia del régimen. Franco le entrega para Hitler una breve carta fechada en San Sebastián el 11 de septiembre y le reitera que cualquier detalle se lo indique urgentemente. Es mucho lo que todos se juegan. Serrano va bien aleccionado.
«¡Querido Führer!Serrano Suñer, Ministro del Interior, será el portador de estas líneas por las que le deseo expresar de nuevo mis saludos y mi amistad.Por su mediación me pongo nuevamente en contacto con Vd. Para constatar ideas que afectan sobre todo a nuestra situación interna y nuestra posición en la política exterior. Sobre todo hará hincapié sobre los puntos de vista ya expuestos por el general Vigón en su anterior viaje, a fin de presentarlos con mayor exactitud.Con la firme convicción en su inmediata y definitiva victoria y con los mejores deseos por su bienestar personal y para la felicidad y prosperidad del Gran Reich Alemán.Quedo de Vd.Firmado F. Franco»
Las diferentes conversaciones entre Serrano Suñer, Ribbemtrop y Hitler se desarrollan de desigual manera. A lo largo de una semana larga, Serrano se entrevista varias veces con su homólogo alemán y dos con el Führer. Su resultado final será agridulce. El ministro germano pensaba de forma equívoca que le sería fácil doblegar a un político poco conocido en la escena internacional, de un país debilitado y pobre por la guerra civil y que tanto debía a Alemania. Sin embargo, es la debilidad y penuria de España la que resultará ser su baza más contundente. Junto a la arrogancia añadida de un ministro que sorprende por su aspereza y brusquedad a un Ribbentrop grosero, acostumbrado a maltratar e intimidar a otros muchos políticos de talla internacional. Serrano acentúa las penalidades que está atravesando España, lo que le ha impedido participar ya en la guerra, pero está deseosa de hacerlo si recibe ayuda alimentaria y armas pesadas, cañones de 38 centímetros para batir la roca, y en el orden territorial quiere no sólo la restitución de Gibraltar, sino todo el Marruecos francés «nuestro espacio vital», Orán y el Africa occidental. Ribbentrop, por su lado le recuerda el deseo expresado por escrito por el Caudillo de entrar en la guerra y la enorme deuda adquirida con el Eje, moral y material, por su generosa ayuda durante la guerra civil. Luego le pide establecer una base en Canarias, Gran Canaria, para defender el Atlántico y la costa de Africa ante un hipotético desembarco aliado. A ello Serrano se niega en redondo. «Las islas son una antigua provincia española y su enajenación es incompatible con nuestro patriotismo.»
Hitler, mucho más amable que su ministro, explica en su primera conversación a Serrano que los cañones no son necesarios para tomar Gibraltar, los Stukas pueden encargarse, aparte de que transportar y montar esas piezas llevaría unos cuatro meses. Luego le reiterara esto mismo a Franco por escrito. Y a la vista de cómo van las cosas plantea la necesidad de entrevistarse personalmente con Franco en algún punto de la frontera hispanofrancesa. Serrano acepta de inmediato. En las siguientes conversaciones con Ribbentrop vuelven a surgir los chispazos. El teutón no está seguro de poder atender la demanda alimentaria española, puesto que Alemania no está sobrado, insiste en lo de la base en Canarias, en permutar alguna de las islas de Guinea por Marruecos, donde desea disponer de un punto de apoyo, quizá en Casablanca, y que se les traspasasen las propiedades inglesas y francesas en España como parte del pago de la deuda.
Las entrevistas se interrumpen para que Ribbentrop cumpla con el compromiso de viajar a Roma donde va a ofrecer a Mussolini la firma del Pacto Tripartito, Alemania, Italia y Japón. Y Serrano con su deslumbrante comitiva, Demetrio Carceller, Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar, Miguel Primo de Rivera, Mora Figueroa y Manuel Halcón, viaja por los escenarios bélicos de la costa atlántica francesa y de los países bajos, en la que los aliados han mordido el polvo de la derrota. Al tiempo que Franco y Serrano intercambian una correspondencia vivísima, el Caudillo recibe carta de su hermano Nicolás, embajador en Lisboa, pidiéndole que se le dé el pasaporte a Sainz Rodríguez. «Está aquí en Lisboa Pedro Sainz Rodríguez que se ha presentado a mí en la Embajada, con la petición de que se ponga en regla su pasaporte». Y luego añade este razonado párrafo:
«Creo efectivamente que en caso de que efectivamente exista sanción gubernativa contra él, no grave, no es conveniente dar lugar a equívocos o conceptos exagerados sobre supuestos incidentes políticos y vale más que esté aquí en regla que como refugiado; en cambio si el asunto tiene gravedad o importancia y no debe ponérsele en regla de documentación, hay que hacer al mismo tiempo gestión con el gobierno portugués de que no se le acepte, ni se le permita su residencia con ningún carácter, ni el de refugiado político. Por esta razón y ausente Ramón del Ministerio, molesto tu atención consultándotelo. Mientras tanto conozco y vigilo aquí sus amistades y movimientos. También está aquí el Marqués de Quintanar, éste en regla, pues vino como congresista a Porto; hizo su visita de presentación a la Embajada y no pidió, ni dijo nada. Como también pertenece a «Acción Española» tengo noticias reales o falsas o chismes de Madrid, no de aquí de que era de los que propugnaba la solución monárquica y no sé lo ocurrido en Acción Española, uno su caso a la consulta.» Franco atiende de inmediato la petición de su hermano.
Hitler, por su parte, escribe a Franco para darle cuenta de lo hablado con Serrano Suñer. Es un escrito largo y detallado en varios puntos. El Führer expresa que el futuro de España, como el de toda Europa, se está jugando en esta guerra. Le habla de que España debe sacudirse el bloqueo inglés y nada mejor que entrando en la liza y tomando Gibraltar, hace un repaso técnico de por qué no resultan convenientes la instalación de grandes piezas de artillería y sí, en cambio, de la versatilidad de los bombardeos en picado (Stukas) y sin atreverse a pedirle la base de Canaris, le dice que las islas deben ser reforzadas ante el riesgo de un desembarco inglés. Fechada el 18 de septiembre, dice así:
«Querido Caudillo:El Ministro del Interior, Serrano Suñer, me ha entregado el escrito, a cuyos saludos y la amistad expresada le correspondo cordialmente.Estamos inmersos en un intercambio de opiniones sobre los problemas que ahora afectan no solamente a Europa, sino a todo el Mundo. Las anteriores conversaciones, así como las acabadas de mantener y las que todavía sostengo con su ministro Serrano Suñer me mueven a precisarle en unos pocos puntos, querido Caudillo, mis opiniones sobre estos problemas.1. La guerra decide el futuro de Europa. No hay Estado europeo que pueda sustraerse a sus efectos políticos y económicos. También el futuro de España estará determinado, quizá para siglos, por el final de la guerra. Pero España es ya hoy, aún no participando todavía en la guerra, una víctima. El bloqueo que Inglaterra ha impuesto prácticamente sobre España no se va a flexibilizar mientras la misma Inglaterra no sea vencida, sino que se va a endurecer. Por lo tanto, todas las medidas de ayuda económica solamente producirán efectos improvisados y pasajeros. Pero ya el sólo hecho de arrojar a los ingleses del Mar Mediterráneo conforma a éste como espacio sustraído a los ataques ingleses y por lo tanto como un mar interior abierto al comercio. Y en consecuencia produce por sí solo una solución radical a los problemas de aprovisionamiento de España. Pero este objetivo se puede alcanzar rápidamente y con seguridad con la entrada de España en la guerra.2. La entrada de España en la guerra al lado de las potencias del Eje debe comenzar con la expulsión de la flota inglesa de Gibraltar y con la correspondiente inmediata toma de la roca fortificada.Esta operación puede y debe realizarse con éxito en pocos días si se emplean en la acción tropas de asalto y medios de combate de alto valor y experimentados en la guerra. Alemania está dispuesta a ponerlos en cantidades necesarias a disposición y bajo el mando superior español.3. Cuando Gibraltar quede bajo poder español, el Mediterráneo occidental queda desgajado para la flota inglesa como base de operaciones. Abstracción hecha de la limitada amenaza de submarinos aislados ingleses, se crea un enlace seguro entre España y Africa del Norte (Marruecos español). La propia costa española del Mediterráneo queda con ello libre de amenazas.4. Dejando aparte el bloqueo, que prácticamente ya está declarado sobre España, a Inglaterra sólo le queda ya la posibilidad de operar contra la costa española del Atlántico. Una protección de esta costa con baterías pesadas sólo se podría lograr, y ello en limitada proporción, acudiendo a cifras que ni Alemania ni nadie puede poner en pié.La mejor protección, y por cierto la única segura, consiste en tener dispuestas unidades de vuelo en picado cerca de la costa, que -como lo demuestran las experiencias desde Narvik hasta la frontera española- son más eficaces que baterías pesadas de costa y así se consideran las únicas apropiadas para mantener alejadas de la costa en cualquier circunstancia a las unidades navales enemigas.También en este aspecto Alemania asegura su contribución.Montar ahora baterías pesadas y muy pesadas de costa es todavía más inútil cuando se considera que su montaje precisaría de una preparación de tales proporciones y tan largas que:I. La finalidad de las obras no quedará oculta sino que con toda seguridad será delatada, yII. La misma eficacia defensiva demasiado tardía.5. Está descartado el que Inglaterra, a la vista de la situación militar pueda intentar una operación de desembarco en la costa española o en Portugal. Pero si a pesar de todo se realizara una tal operación, en tal caso Alemania también se compromete a proporcionar todo el apoyo necesario por tierra y en el aire, en la medida que se solicite.6. Pero es más probable que Inglaterra, tras la pérdida de Gibraltar, intente apoderarse de una base en las islas Canarias en su sustitución. Por esta razón se deben reforzar todo lo posible, y ya antes del comienzo de la guerra, todas las islas del grupo del archipiélago canario que puedan considerarse como bases navales. A mi parecer será necesario trasladar a Las Palmas ya antes del comienzo de la guerra, o al menos al mismo tiempo, bombarderos alemanes en picado o en su caso destructores. Con la experiencia obtenida, ofrecen la absoluta seguridad de poder mantener a los navíos ingleses muy alejados. Los preparativos deben consecuentemente ser iniciados ya antes del comienzo de la guerra.7. Si además los italianos consiguen en el transcurso de este invierno acercarse de tal manera a Alejandría para al menos poder inutilizar con ataques aéreos esa base inglesa, entonces con ello pierden los ingleses toda su posición estratégica en el Mar Mediterráneo. En este caso, la navegación comercial española en el Mediterráneo puede asegurar sin impedimentos un aprovisionamiento de España totalmente diferente al que ahora le es posible. Partes importantes de las flotas alemana e italiana pueden unirse en el Atlántico en caso necesario. El norte de África queda libre a la intervención italiana, española y alemana. Con ello queda definitivamente eliminado el peligro de que algún trozo del territorio norteafricano separado de Francia se pueda unir con fuerzas británicas.8. Para este objetivo –ya mencionado- Alemania está dispuesta a poner bajo el mando superior español no tan solo los medios bélicos necesarios, sino también ayuda económica en la máxima medida que le sea posible a la misma Alemania. Sobre ello, se están manteniendo actualmente conversaciones.En pocas palabras, querido Caudillo, esto es el resumen de las opiniones sobre lo decisivo de una participación de España en una confrontación cuyo desenlace en cualquier caso va a determinar por mucho tiempo el futuro de España.Caso de que España se decida a intervenir en esta guerra, Alemania está decidida a apoyarla tan leal e incondicionalmente como hasta la victoria final del mismo modo que lo hizo en la guerra civil española. Por supuesto que esta victoria la vamos a alcanzar. En todo caso se trataría de una cuestión de tiempo. Y precisamente, la entrada de España en la guerra va a ayudar a subrayar todavía más la inutilidad para Inglaterra de proseguir la guerra y a obligarla a renunciar a sus injustas pretensiones.Reciba, querido Caudillo, mis cordiales saludos.Con solidaridad de camarada»
Serrano, por su parte, también escribe a Franco dándole cuenta pormenorizada del contenido de las conversaciones habidas. Ahí se traduce la amargura y decepción que el ministro español ha sentido en su trato con Ribbentrop. No así con el Führer. El Caudillo le contesta de inmediato. Es algo totalmente inusual en él. También es excepcional la situación. Y aquí estamos ante unas respuestas largas, detalladas y hasta cansinas. Sin embargo el material para la historia es de extraordinario valor. Se trata de tres escritos de Franco a Serrano fechados el 21, 23 y 24 de septiembre. No son cartas para la galería, el quiebro político o la astucia sinuosa gallega. Son memorándums con instrucciones de cómo el ministro tiene que llevar las negociaciones. Rotundas y claras y enormemente sinceras. En ese instante la pulsión de Franco es la de entrar en guerra. Como la de toda la clase política y generalato. España clama por estar en la cabeza rectora del nuevo orden europeo, construido bajo el prisma totalitario nazi-fascista y reclama su trozo de imperio. Pero, al tiempo, la realidad le detrae por el destrozo interno. Una guerra corta es factible. Soportar una guerra larga sería suicida. La penuria y escasez hispana, totalmente real, será siempre el mejor argumento. De ahí que mantenerse en una «cautela dilatoria» con entusiasmo verbal y político será una ventaja añadida. A ello hay que añadir que Alemania no puede enviar toda la ayuda material que pide España y, en cambio, sí está casi decidida a reconocerla todas sus aspiraciones territoriales. El marco cambiará un mes después, en Hendaya, cuando el Führer, absolutamente veraz, ya no pueda mantenerse en el compromiso, porque le interesa sobremanera tener de su mano a Pétain-Laval y evitar que el ejército y los territorios de las colonias se pasen a De Gaulle. Así son de vertiginosos los acontecimientos en Europa en ese instante.
En la carta del 21 de septiembre, Franco felicita a Serrano por cómo está llevando las conversaciones con Ribbentrop y Hitler, observa que hay dos planos entre uno y otro, insiste en que los alemanes aprecien el sacrificio de la guerra de España, se congratula de que Hitler reconozca sus pretensiones en Marruecos, y que, en todo caso, si hay que ceder un enclave sea el de Mogador; se rebela ante la pretensión alemana de una base en Canarias, para eso bien puede servir una portuguesa de Madera, Azores o Cabo Verde, está en contra de que se entreguen los bienes de las sociedades anglobritánicas en España, deshace el mal entendido sobre lo que denomina artillería pesada, y que con mucha atención acepte firmar un protocolo, pues «debemos estar metidos ya dentro». Así es el pensamiento y las instrucciones de Franco a Serrano en carta del 21 de septiembre.
«Querido Ramón:Recibí tu carta y paso a contestar a sus extremos.Muy bien llevada la entrevista y muy provechoso el contacto en todos los órdenes. Se aprecia como siempre la altura y buen sentido del Führer y el egoísmo y sentido desorbitado de los de abajo.Conviene llevarlos al campo de la reciprocidad de los acuerdos a satisfacción de ambas partes sin sombras, con toda lealtad.El mundo es muy grande para que España tenga que sufrir ninguna hipoteca en sus territorios ni en su economía, esta seria cosa que se vendría abajo por sí misma.Se aprecia en Ribbentrop y en los órganos económicos falta de valoración de nuestra ayuda y de nuestros sacrificios, así como lo que representó la guerra nuestra para el futuro orden y para la propia batalla de Flandes.Hay que llevarles a la idea de que nuestra amistad no es cosa de hoy, de una coyuntura; que nosotros trabajamos para hoy y para el futuro y no por el desgaste y agotamiento que produjo a España su lucha, nuestra actuación presente no puede evitar la brillantez deseada, nadie más que nosotros lo siente; pero no por esto pueden desvalorizarse nuestros sacrificios de ayer y el valor futuro de nuestra amistad.Alemania fue a la guerra después de un largo período de preparación militar y económica, con una potencia industrial; lo mismo ha hecho Italia; en la guerra sus tropas no han carecido de nada, poseen el mejor material con toda abundancia, grandísimas reservas perfectamente dotadas y descansadas, al pueblo alcanzan los mínimos sufrimientos, con los graneros y depósitos llenos. España en cambio libró tres años de guerra sin preparación previa, en las condiciones más difíciles, con gran pobreza en armamento, insuficiente y desgastado, sin reservas ni descanso para el soldado, sufriendo en media España los crímenes más bárbaros. Y cuando obtuvo la victoria no disfrutó ni de indemnizaciones de guerra, ni de compensación alguna material, antes al contrario, recibió un país despojado de todo, agotado materialmente con el que compartió sus débiles existencias y a pesar de ello, con sacrificios enormes, en medio de una hostilidad general contra nuestro régimen, reflejada en el cerco económico que sufrimos, sin la menor ayuda del mundo y sin haber asimilado todavía a nuestros adversarios de ayer, sin un período de preparación de paz y bienestar que facilitase el progreso social desvirtuado muchas veces por la escasez, estamos dispuestos a mayores sacrificios enfrentándonos con el porvenir. Esto tiene un valor que no debemos permitir se desconozca.España ofrece en Europa una masa guerreraValoración de nuestra ayudaConviene reforzarla, tiene tres aspectos:Lo pasado lo conoces de sobra; pero no estaría de más en el orden militar deducir «que jamás se ha sacado más provecho de una guerra (experimental) en que la sangre y los mayores sufrimientos fueron nuestros».En nuestra guerra el material del Ejército y la Aviación alemana se contrastó, y en consecuencia fue modificado con la admirable diligencia de que ese pueblo es maestro; no habíamos apresado un tanque, antitanque, avión o arma de interés, cuando ésta salía para Alemania a ser estudiada para mejorar sus armas. Los bombardeos y sus efectos sobre puertos, barcos, fábricas o tropas fueron cuidadosamente estudiados así como el empleo de antiaéreos en acciones terrestres; y esto tuvo un valor, no despreciable, en la batalla de Flandes. Los nombres de sus Altos Jefes nos son familiares en España.El valor de nuestra actuación hasta hoy, tiene escasa dimensión por tratarse de una solidaridad y un constante trabajar en la sombra para el éxito más rápido de Alemania. Y para llegar a intervenir en el orden militar, nuestra presencia en el Eje, ofrece para el momento preciso la seguridad y el dominio del Mediterráneo Occidental y la posibilidad de defensa de nuestro continente, incluido el norte africano, haciéndolo invulnerable a los ataques anglo americanos.De valor incalculable mientras la guerra este en piePara el futuro, la alianza de España ofrece en Europa una masa guerrera y sobria estratégicamente colocada, que con Italia en el Mediterráneo central y oriental y Alemania en el centro y norte europeo y sur africano, da solidez mayor a la estabilidad europea e incluso para la rivalidad futura como tú dices, España ofrece un elemento para propugnar la escisión de los pueblos hispánicos del bloque americano.Cuanto más fuerte sea España, más estabilidad se da al futuro.Ribbentrop intenta ir más lejos que el Führer.MarruecosEn este problema se aprecia que Ribbentrop intenta ir más lejos que el Führer, éste según tu carta dijo (24 horas después que Ribbentrop): «Que Alemania reconocerá con gusto las pretensiones españolas sobre Marruecos, sin más límites que los de asegurar a Alemania por medio de tratados favorables de comercio, una participación en materias primas en esta Zona de Marruecos, fosfatos, manganeso, etc.»Esto es muy distinto de lo que dice Ribbentrop, lo del Führer es lógico y natural, lo otro no es aceptable.Si esto es así y el Fübrer se definió en esta forma, a ella debemos acogernos para evitar enclaves dentro de nuestro territorio; nuestra alianza debe hacer eso inútil.En último extremo Mogador es el único punto posible, no se necesita esto para alejar las otras pretensiones. Agadir es el puerto natural del territorio del Ifni y nuestra parte norte de la costa del Sahara. Si se accediese a esto sería bajo la fórmula de un arrendamiento por 99 años para dejar a salvo la unidad política y territorial.Hablando de este problema no puedo menos de hacer una alusión a lo que justamente provocó tu indignación y que la pluma se resiste a escribir. (Cuando Ribbentrop pidió una base en Canarias.)Gibraltar que es un peñón, sin valor positivo alguno más que el nacional y ser un pedazo de nuestro territorio que no puede nada contra nosotros y que una España fuerte toma cuando lo necesite, levanta y une a España en sagrada hermandad. ¿Qué daño no sembraría otra lesión de ese orden?En esto hay que abrir camino a la idea de lo que es una alianza; en el orden de la guerra, las bases de uno se convierten en bases eventuales del otro. Si hemos de defender un frente europeo nosotros prepararemos nuestras bases de común acuerdo.Aun entre las islas existen: Madera, Las Azores y las islas de Cabo Verde donde sin lesión para el aliado se resuelve lo mismo, pues en el futuro en Las Azores y Cabo Verde nos interesa contar con bases que podrán, ya en la paz, arrendar a Portugal por 99 años…. Los bienes de sociedades domiciliadas en Londres o París y existentes en nuestra nación son bienes de particulares, parte en manos españolas o de otros extranjeros, de que España se va poco a poco librando; es una reivindicación de nuestra Patria el volver al dominio español lo que como español reconocemos; si hasta hoy esta recuperación tropezó con la muralla de la fuerza, no puede España con dignidad consagrar la posesión por otra nación, siquiera sea tan estimada como Alemania; por otra parte, desde nuestro Movimiento España dio el primer paso y mantuvo el derecho a que los rendimientos de las empresas extranjeras integrasen nuestra economía y sus productos se sujetaran a las mismas reglas que los de las sociedades españolas.España que lleva ya muchos años en este propósito, habiéndolo conseguido en ferrocarriles, esperó siempre una ocasión favorable para redimir tan vejatoria situación. Directriz en completa consonancia con nuestra común orientación política y con los sacrificios hechos para asentar el régimen…. No puede existir razón alguna, sin ofensa para España, para que por el hecho de que sea vencida una nación, España acepte que, contra toda lógica los bienes de aquellos súbditos en su territorio y que constituyan hipotecas enojosas pasen a manos del vencedor, su amigo y aliado.Ayudas solicitadasMilitares. De acuerdo con la opinión del Führer en su concepto del material pesado de 30,5 para arriba cuya instalación siempre rebasa los 18 meses y su fabricación es lentísima. Es un error; no se trataba de eso, nosotros siempre pensamos sustituirlo por la Aviación en especial Stukas; lo que queremos es material de calibre medio llamado aquí «pesado de campaña» de que carecemos, que suple al artillado de costa de los calibres 15 al 24, que baten los campos de minas y que en todo momento evitan, con descanso para la Aviación, la agresión de unidades ligeras enemigas contra barcos en los puertos, depósitos de combustible, fábricas y otros puntos de interés de la zona costera, análogos a los que los Alemanes han establecido, con el material francés, a lo largo de su costa y en las de Bélgica y Noruega.Esto es más necesario aquí por cuanto nuestra costa es muy abrupta y los campos de aviación posibles están bastante distantes.Lo que pedimos es sólo lo indispensable a esta misión.Para cerrar en Tarifa, de día y de noche y con todo tiempo el paso del Estrecho también material de este orden se necesita, pues los barcos tienen que ofrecerse a su fuego a distancias muy cortas, lo que imposibilita el paso de barcos no acorazados y éstos solos no pueden operar.Suministro de ArtículosSe envían notas de lo indispensable, que es lo más reducido posible y que por ellas verás que puede aún reducirse con una colaboración técnica más extensa. En ello el cauchu por razones del transporte automóvil es cosa esencial, y alcanza poca cantidad; en su suministro encontramos obstáculos enormes y carecemos de reservas aunque llevo un año queriendo formarlas.En este orden de suministros el problema más difícil es del transporte que hay que organizar a través de Francia.Nos conviene estar dentro; seguir a toda marcha la preparación.Cuando tenía escrita esta carta recibí la del Führer que como siempre despeja el horizonte, pues destaca la valorización de nuestra acción que incluso llega a juzgar como decisiva y es curioso que sus argumentos son los mismos que nosotros les hicimos al tratar de los problemas de la guerra; sobre el Mediterráneo, el Continente Africano, la valorización de nuestra situación, el reforzarnos en Canarias con medios móviles.De la posibilidad de prolongación del conflicto se acrecienta notablemente el valor de nuestro ofrecimiento y hay que hacerlo valer pronto, pues en la guerra sucede un fenómeno que es que el vencedor no se apercibe que está venciendo y su desgaste no le deja ver el daño que hace y pudiera suceder que estemos más cerca del fin que los iniciados creen; aunque sucede que los de fuera más libres de los prejuicios profesionales, desconocedores de la realidad técnica, influenciados por la propaganda crean otra cosa y se desorbiten.De todos modos he creído conveniente no anular nada de lo que en la carta te decía escrita antes de la llegada de la del Führer ya que constituye en muchas cosas un límite que no debemos rebasar y siempre tienen actualidad sus argumentos.Aspecto Italia. Conviene conocer qué es lo que Ribbentrop hizo en Italia, la impresión que allí produjo nuestra negociación en Alemania ya anunciada a Mussolini y que éste tan bien acogió, para en su vista pesar la conveniencia de pasar por Italia.Puede suceder que Italia sintiéndose incómoda, pretenda precipitar las etapas y no hay que olvidar nuestra grave situación interior, en abastecimientos, con una cosecha inferior a los últimos cálculos, que nos fuerza a resolver el problema del suministro por Alemania incluso ayudada por Italia, y por lo tanto nos conviene estar dentro pero no precipitar; en esto ya está el Führer, pues en su carta se deduce habrá un tiempo de preparación.Para tu gobierno he de decirte que nosotros, seguiremos sin interrupción nuestros trabajos hace tiempo empezados, cuanto más se retrase la intervención sin daño para la situación de conjunto, eso hemos ganado; pero debemos de estar metidos dentro, esto es con derechos reconocidos, para estar en el menor tiempo dispuestos a afrontar cualquier situación que obligase a actuar rápidamente, desencadenando el ataque, con la garantía siempre de los suministros. Nuestra conveniencia íntima debe ser, seguir a toda marcha la preparación, perfeccionar abastecimiento y medios de asegurar el suministro por nuestro aliado para el momento de actuar, y si la guerra se alarga y no se requiere actuación inmediata completar lo que falta en favor de todos.Hay acuerdo completo entre el Führer y nosotros… Podrás observar que la carta del Führer no es apremiante en cuanto al momento de actuar, las palabras que recoge tu carta de la conversación con él «que estaba interesado que la operación se hiciera con toda rapidez ya que resolvería por sí la cuestión del Norte de Africa y del Mediterráneo y que sobre este punto me enviaría una carta personal». Muy bien puede suceder que los intérpretes diesen más energía y fuerza al pensamiento del Führer, ya que si bien Gibraltar es condición necesaria para la liberación del Mediterráneo, no es suficiente, pues tiene otra puerta y otras bases en el Mediterráneo Oriental.Protocolo. Supongo que el protocolo que desean es no de todo lo que se habló sino de las afirmaciones en que hay acuerdo y mutuas ofertas.Con mi carta y las notas, así como tu conversación con el Führer y el contenido de su carta y cuya copia te envío, hay base para la redacción de un protocolo, dejando los aspectos técnicos (armamentos, etc.) para acuerdos de este orden y dejando el camino abierto para los pactos o tratados que se concluyan como consecuencia de mi entrevista con el Fuhrer, de acuerdo con el Duce.En los protocolos que se firman hay que tener mucho cuidado y leer bien los dos textos el alemán y el español, aquél por dos personas que dominen el alemán en todos sus matices.A poca duda que os ofrezca se puede enviar en avión una copia y por telégrafo darte la conformidad o reparos.La carta del Führer la he recibido anoche (viernes) y el contestar a la tuya y mandarte instrucciones por su complejidad no me deja tiempo para analizar y responder a la suya. Como verás hay acuerdo completo entre el Führer y nosotros, sólo queda la apreciación técnica de algunos factores que no son lo concluyentes que él afirma.No creo nos convenga que Ribbentrop se entere, estás enterado de mi conformidad a los puntos de vista del Führer, que éste ha escrito de acuerdo con su Estado Mayor, pues conoces las diferencias.»
Veinticuatro horas después de esta carta, Franco contesta a la de Hitler. Se felicita porque le reconozca todo Marruecos, rechaza la petición de Ribbentrop para establecer unos enclaves en la costa, en las Canarias y acepta encantado el encuentro personal. Y tal y como le ha manifestado a Serrano con antelación, se muestra, punto por punto, total y absolutamente identificado y de acuerdo con el Führer. La discrepancia se iniciaría en un mes: Hendaya. La carta está fechada el 22 de septiembre de 1940.
«¡Mi querido Führer!He recibido su escrito en el que me exponía los puntos de vista suyos y de su Estado Mayor respecto a los problemas que afectan a España a consecuencia de la guerra es que, excepto en pequeños detalles, son coincidentes con mis opiniones y las de mis Estados Mayores.Le debo agradecer la cordial acogida que Vd. Y su pueblo han dispensado a mi enviado el ministro Serrano Suñer, quien me ha informado de las conversaciones y de sus apreciados puntos de vista, los que satisfacen nuestros deseos y con los que nosotros, como Vd. puede ver por el contenido de esta carta, creemos coincidimos totalmente. A pesar de la absoluta concordancia con sus palabras «de reconocer las reinvindicaciones españolas sobre Marruecos con la única limitación de asegurar a Alemania por medio de acuerdos comerciales favorables una participación en las materias primas de ese país» existe, sin embargo, un punto, en el que chocan entre sí, y es el de la voluntad manifestada por el Sr. Von Ribbentrop en forma de sugerencia durante las conversaciones entre nuestros respectivos ministros de establecer un enlace para bases militares alemanas en ambos puertos de la zona sur por medio de su ocupación. Según nuestro punto de vista estas bases son innecesarias en tiempos de paz y superfluas en tiempos de guerra, puesto que en este último caso Vd. puede contar no solamente con estos puertos, sino con todos los que posee España, ya que también para el futuro debe estar fuertemente sellada nuestra amistad. Las ventajas que pudieran aportar tales bases no equilibran las dificultades que surgen siempre de semejantes enlaces ni los daños que causarían en los territorios afectados cuyo (sic) acceso al mar conforma.Le agradezco sobremanera su idea, expuesta al Sr. Ministro Suñer, de darme la oportunidad para encontrarnos cerca de la frontera española puesto que, abstención hecha de mi vivo deseo de saludarle personalmente, podremos sostener un intercambio de opiniones más profundo y más directo de lo que hasta ahora lo permitían nuestras negociaciones.Y ahora quisiera exponerle mi opinión sobre cada uno de los apartados de su carta.I. Respecto a las opiniones expuestas en su punto I sobre los efectos políticos y económicos de la actual guerra solamente le puedo decir que desde el primer día coincido con su punto de vista. Sólo nuestro aislamiento y la falta de los medios indispensables para la vida nacional hacen nuestra acción imposible.Estoy de acuerdo con Vd. en que la expulsión de los ingleses del Mediterráneo mejorará la situación de nuestro transporte aunque, naturalmente, con ello no se resuelven todos los problemas del aprovisionamiento de España puesto que muchos productos y materias primas que faltan en España no se encuentran en la cuenca mediterránea.También soy del parecer que la primera acción de nuestra intervención debe residir en la toma de Gibraltar. En este sentido se ha orientado desde 1936 nuestra política militar en el estrecho, al adelantarnos a las intenciones inglesas de ampliar y asegurar su base.Coincido con su punto de vista de que es posible en pocos días llegar al éxito en tal operación si se emplean medios modernos y tropas experimentadas. En este sentido serán de una gran eficacia los medios que Vd. me ofrece.Por nuestra parte ya desde hace tiempo estamos preparando en secreto esta operación puesto que el territorio en el que se debe desarrollar, no tiene una red adecuada de comunicaciones. Teniendo en cuenta la excepcional situación de la roca, los nidos de resistencia pueden soportar incluso los más fuertes ataques aéreos, por lo que deberán ser destruidos por una buena y acertada artillería. La extraordinaria importancia de este proyecto justificará, a mi parecer, una fuerte concentración de medios.3. Efectivamente, la caída de Gibraltar asegura el Mediterráneo occidental y conjurará cualquier peligro, a excepción de aquellos que se podrán producir eventualmente si De Gaulle llegara a tener éxito con su intento de alzar a Argelia y Túnez.Este peligro se evitaría con una concentración de nuestras tropas en Marruecos.En este sentido sería conveniente que sus comisiones de control llevaran al máximo (sic) sus medidas precautorias.4. Participo completamente en su opinión sobre la efectividad de los bombarderos en picado para la defensa de las costas y de que es imposible de hecho el establecer en los puntos sensibles de la costa baterías fijas de artillería con material pesado. Parece evidente que al transmitirse mis deseos se ha caído en un error, puesto que no pensaba en cañones fijos de gran calibre sino en material móvil de aprox. 20 cm. Este material lo considero aún necesario, por supuesto en cantidades adecuadas, debido a las condiciones del terreno que es abrupto y montañosos. Por ello es extraordinariamente limitada la posibilidad de construir aeropuertos. En la mayor parte de los casos estarán situados lejos de la costa y de los centros a defender. Además se ha de contar con la restricción que obligatoriamente se deduce de las tormentas y lluvias que azotan frecuentemente la zona.En cualquier caso son imprescindibles las potentes fuerzas aéreas que Vd. ha ofrecido.5. En el momento actual es efectivamente poco probable que los ingleses intenten un desembarco en la Península. Aún cuando éste tuviera lugar, nuestros propios medios junto con los que Vd. ofrece, harían que este intento quedara rápidamente desbaratado.6. De siempre ha sido mi preocupación la posibilidad de un golpe de mano inglés en las Islas Canarias para crear una base naval para protección de sus comunicaciones ultramarinas. En el marco de nuestras posibilidades estamos actuando para acumular allá reservas de alimentos, munición y modesto material artillero que recuperamos de otras zonas menos amenazadas; ya hace meses hemos procedido a una movilización parcial y enviado armas para el conjunto del grupo de islas. Hemos trasladado allá un grupo de cazas, que no hubieran podido llegar después de comenzada la guerra. Soy de su parecer y considero muy adecuada la presencia de bombarderos en picado y aviones destructores en Las Palmas, para los que hay que enviar previamente las bombas y el material de repuesto.7. Evidentemente que la libertad de movimientos en el Mediterráneo occidental depende de los éxitos italianos en Alejandría y en Suez, con lo que se posibilitaría la destrucción de la flota inglesa en esas aguas. Si esto se consiguiera se resolvería una gran parte de los problemas de abastecimiento.8. Considero como muy adecuado y absolutamente necesario el ofrecimiento contenido en su punto 8 para nuestra operación. Puesto que la ayuda económica que Vd. me ofrece tan lúcidamente y en la mayor cantidad dentro de las posibilidades de Alemania, es precisamente de gran transcendencia, igual que la ayuda en recursos militares. Por nuestra parte le ofrezco, dentro de nuestras posibilidades, la misma y amplia contraprestación.No obstante considero mi obligación exponerle que según mi parecer las conversaciones sostenidas hasta la fecha por nuestros expertos se han desarrollado en negociaciones orientadas en sentido exclusivamente comercial. Cuando Vd. tomó por la mano el arreglo de los antiguos asuntos y quiso solucionar los problemas de la economía y del intercambio de mercancías para después de la guerra, se aparta del terreno principal que afecta a ambas partes por igual y que en las declaraciones de su carta, que comparto plenamente, encuentran su solución completa.Quiero reiterarle, querido Führer, mi agradecimiento por la oferta de solidaridad. Le correspondo con lo mismo en la seguridad de mi fidelidad inquebrantable y sincera a Vd. personalmente, al pueblo alemán y a la causa por la que lucha. Confío en que en la defensa de esta causa podamos renovar las antiguas relaciones de camaradería entre nuestros ejércitos.Con la esperanza de poder explicarle todo esto personalmente, le aseguro mis más sinceros sentimientos de amistad y le saludaF. Franco»
Junto a la carta para Hitler, Franco redacta a vuela pluma una segunda para Serrano. En ella le insiste sobre las diferentes posturas de los dos mandatarios germanos, incluso en «franca pugna». La escasez de alimentos vuelve a estar presente, y le detalla unos ejemplos para que lo puedan entender bien los alemanes, que no muestran comprensión y cordialidad de lo que ha sido «nuestra guerra y de nuestros sufrimientos»; los obreros ni siquiera entran a trabajar porque no tienen que llevar para la comida. Le pide que ponga moderación entre los diplomáticos, que Espinosa no se deslice demasiado, una cosa es ser entusiasta de los alemanes, como buenos españoles, y otra tomar posturas de mal gusto con los vencidos. Hoare le ha dicho a Vigón que Inglaterra no acepta la paz porque no cree en la palabra de Alemania. El horizonte a una guerra larga se va abriendo poco a poco. Y finalmente le encarga que trate de ver a Goering.
«Madrid, 23 9 1940Querido Ramón:Unas líneas para remitirte la carta al Führer que no salió esta mañana por la enorme complicación de su redacción en alemán y de ponerla a máquina, ya que según los entendidos es cosa de grandes dificultades.El análisis de la carta del Führer te sugerirá varias observaciones.El valor que éste da a nuestra intervención; su ofrecimiento económico sin límite; una aceptación implícita de guerra larga y el limitado alcance que da a los frutos de la acción italiana. Todo en franca pugna con la posición de Ribbentrop y de sus auxiliares.Por otra parte los italianos exteriorizan sus dificultades en Oriente, su escasez de gasolina en Abisinia que tratan de mejorar y aún hace dos días nos han pedido si les podemos dar unas mil toneladas de caucho, que no podemos por falta absoluta de ello, pues no obstante los esfuerzas hechos no hemos conseguido alcanzar el menor remanente.Y aunque con violencia se han logrado navicerts [certificados de navegación dados por Inglaterra] para 4 000 toneladas semestrales no consienten más que ochocientas por mes.Este problema del suministro del caucho es el más difícil pues de lo demás en mayor o menor escala lo hay en Europa y si se supera el problema del transporte puede ocurrir en cambio la falta de esto hace parar en seco el tráfico automóvil a plazo fijo.Sigo por todos los medios tratando de ver si se puede contrabandear y mejorar nuestra situación en esta materia. No sé si su sustitución por el artificial es posible y tienen ahí me extraña por la petición de Italia.Otro problema de que hasta hay no me han dado noticia es la situación de falta de agua en Lanzarote, llevándosela a aquella población de 20.000 almas desde Las Palmas. Acabo de dar órdenes para solucionarles el problema por una cisterna de recogida de la de lluvia y otras soluciones viables. Creo es problema que se solucionará aunque sea reduciendo la población. Te digo esto para que aprecies las dificultades y que vean que hay que resolver muy complejos problemas que la posibilidad de guerra larga agrava: pues Italia y Alemania en guerra tienen un racionamiento más amplio seguro y llevadero que nosotros en paz, en especial en pan y legumbres secas.Esta escasez nuestra nos impedirá incluso exportar otros productos ya que todo lo alimenticio tendrá que ir a cubrir el déficit como sustitutivosPor tu viaje a Bélgica te supongo enterado de las dificultades de las autoridades alemanas al funcionamiento de nuestros consulados así como el de Rotterdam, parece que la queja amistosa de Espinosa no ha dado resultado no obstante consentirlos a Italia y ¡Rusia! Por una información de estos días de Bélgica quiero adivinar que puede no sea grata la persona que allí hay, tal vez por creerlo demasiado aliadófilo o »belgófilo» y haya cometido alguna de las muchas indiscreciones en que suelen incurrir los diplomáticos; se deduce de la información que este secretario, del que daba muy buenos informes, se queja de las actividades de la falange de allí a favor de los alemanes que decía colocaba en mala posición a la colonia para el futuro, puede ocurrir que la falange haya sido indiscreta en sus juicios. Prevenir a Espinosa no dé un resbalón y ver lo que hay, una cosa es que los españoles sean entusiastas de Alemania como buenos españoles y otra el tomar posturas de mal gusto con los vencidos.Por tu carta por la reunión a que llevaron a G.ª Figueras y Carceller y muchos detalles yo veo en esos señores una falta grandísima de comprensión y de cordialidad por nuestras cosas. No se dan cuenta de lo que ha sido nuestra guerra y de nuestros sufrimientos.Hoy mismo me entero de la escasez que hay en las aglomeraciones obreras: Asturias, Bilbao, Barcelona, donde hay obreros que teniendo un jornal como en Asturias no entran al trabajo porque no tienen qué llevar para la comida.Otra noticia aunque queda esta carta desordenada: De París me traen la impresión después de hablar con nuestros viejos camaradas de campaña de que los aviadores alemanes no creen llegar a una decisión con los bombardeos y parece no se atreven a arriesgar su prestigio en un desembarco por sí difícil.Yo creo que los bombardeos son de una grandísima eficacia y llegarán a derrumbar la actitud inglesa; pero temo se desanimen o detengan sin ver claro por los efectos de las pequeñas represalias que aquellos toman sobre Berlín y las poblaciones de la costa.El síntoma de que les sigan llamando bombardeos de represalia no es bueno.Esta diferente actitud del Führer y de su gente me hace pensar que la labor de éste humana y realista se vea perturbada para la paz futura porque se trasluzcan al exterior el pensamiento y programa de los suyos.Cuando aquí hablándole fuerte al embajador Hoare le han dicho como Vigón hace unos días: «Están ustedes vencidos no sean tontos y traten antes de que estén peor», su único argumento es: que les faltan garantías por que dice que en Inglaterra no pueden tener fe en la palabra de Alemania y aunque esta circunstancia, en momentos decisivos pudiera ser garantizada por Mussolini y por mí, siempre habrá en el porvenir la gran dificultad de que la lucha no cesará como la de Francia y al conocer los pensamientos y condiciones seguirán ésta indefinidamente en la cooperación, entonces entusiastas de sus colonias sin ventajas positivas para Europa que perderá todo el centro y sur africano.Sí por alguna causa no pudieras ver a Goering es necesario que quede constancia de que has querido verle, pues ya conoces las deferencias y comportamiento de ése.Un fuerte abrazo.»
La disposición postal entre Franco y Serrano es febril. Sin pausa alguna el Caudillo fecha el 24 de septiembre una tercera misiva para su ministro Serrano, quien ese mismo día vuelve a entrevistarse con Ribbentrop y Hitler. El generalísimo le dice que no hay reserva alguna para incorporarse a la alianza militar del eje. Pero sí que hay que valorar dos cosas; si estamos ante una guerra corta o una larga. Si se garantiza el primer caso, la disposición de España de ir a la batalla está hecha, «tan sólo se necesitan completar los preparativos militares», pero si el supuesto que se presenta es una lucha larga, tenemos que «tomar garantías para que no nos puedan arrastrar a la intervención sin tener resueltos los problemas en forma soportable a nuestro pueblo». Luego precisa que el control del Mediterráneo no resuelve los problemas del bloqueo, que les haga ver como Italia y Alemania han ido de preparadas a la contienda, se detiene en analizar los detalles del pacto, que desea sea secreto y en el orden moral no está conforme con que se ataque a Gibraltar por sorpresa.

«Querido Ramón:Recibo tu carta y quiero que G.ª Figueras te lleve en ésta mi opinión sobre el nuevo punto que se presenta.La alianza no tiene duda, está completamente expresada en mi contestación al Führer y en la orientación de nuestra política exterior desde nuestra guerra No habiéndose llevado a realizaciones prácticas por el atraso de España en su preparación militar, lo que sin tener una utilidad inmediata para nuestros aliados dejaba a España totalmente aislada en momentos en que nuestros amigos, pendientes de la tensión de Europa y de su preparación no podían, por falta de medios, ayudarnos antes al contrario nos apremiaban en pagos y en exportaciones.Hoy en la discusión de entrar en la alianza no hay duda, ni por el plazo tampoco (10 años). La alianza tiene dos tiempos: El presente y el futuro.En los momentos actuales hay que considerar dos casos: guerra corta y guerra larga. Si nos pudieran garantizar lo primero, no hay caso, sólo se necesitan completar los preparativos militares en especial para el aislamiento de nuestras islas; pero aunque la guerra corta sea la aspiración de Alemania e Italia, ya se abre camino, el supuesto de la guerra larga y para ella se han preparado ambas naciones.A nosotros con mayor razón, por carecer de todo y entrar cuando la guerra ya por si se ha prolongado, no obstante la derrota francesa, nos corresponde asegurarnos para la guerra larga.Esto nos obliga a tomar garantías para que no nos puedan arrastrar a la intervención sin tener resueltos los problemas en forma soportable a nuestro pueblo como tantas veces hemos indicado.Insisto en esto porque la idea del Führer, ya contestada por mí «de que el Mediterráneo nos abre las rutas al abastecimiento» no es por completo exacta; pues abierto el Mediterráneo occidental no nos hace más que resolver el problema con Italia y Marruecos y no con Alemania y nada con el resto del mundo. Los productos para nosotros necesarios en estos momentos; gasolina caucho y algodón no existen en esa área del Mediterráneo, y los nitratos que abundan en Alemania deben estar muy absorbidos por las producciones de guerra.Hoy por el bloqueo no estamos cerrados totalmente, pues ante nuestra actitud vamos recibiendo lo que consumimos excepto trigo y maíz que estamos negociando. Así en alguna cosa mejoramos, en otras nos estacionamos y ganamos tiempo.Italia con varios lustros de régimen y de preparación, sin haber sufrido una guerra interior que lo vacía todo pidió un plazo hasta el 42 que la garantizase a su pueblo contra todo evento, así proclamada la guerra no entró hasta que estimó que podía intervenir sin peligros graves y esperando un período corto de hostilidades; pero teniendo siempre garantizada su vida interior.El futuro no es el caso de hoy que vencida Francia todo cuenta sino que la preparación exige tiempo y dinero, como necesitó Italia y la propia Alemania.Esta preparación puede precipitarse con la ayuda, en todos los órdenes de Italia y de Alemania; pero no sobre la base de comprar allí una marina, ni una aviación, que nos aplastaría económicamente y no la hace ningún país; sino instalando las industrias que lo hagan posible, con una ayuda económica llevadera como si se tratase del propio país que ayudaNo hay duda en nuestra decisiónParticularidades del pacto: Una cosa de éstas exige estudio y previsiones, pues hay que protocolizar el futuro y aunque no hay duda en nuestra decisión, tenemos que pensar las particularidades del acuerde y las obligaciones de las partes. Generalmente se hacen teniendo en cuenta las distintas hipótesis y generalmente antes de lanzarse a la guerra se obtiene la previa conformidad de las partes excepto en el caso de agresión y en él figuran las ayudas a prestarse, teatros de operaciones para cada aliado, etc., que se completan en otros acuerdos de detalle ya que el principal sólo los fija en grandes líneas.Situación en Italia: no sabemos de ella más que lo que Mussolini me decía en la suya y lo que nos anuncia Ribbentrop a su regreso, pero a través del interés alemán; pero como Italia está ligada con Alemania por alianza anterior nos conviene conocer los términos de ella y cómo se salvaba en el acuerdo de Alemania y Rusia que vino luego; cuando existía un pacto antikomintern.Al tratar con Alemania e Italia parece que debemos hablar con ésta que le alcance a su vez en el orden económico su apoyo y trato distinto del de hoy.
Publicidad del Pacto: Su eficacia mayor es su secreto, que tiene para el enemigo los efectos de la sorpresa; su publicidad es lo mismo que precipitar los acontecimientos sin tener nada resuelto en abastecimientos.Debería quedar a nuestro juicio el momento de hacerlo público, ya que es a quien puede hacer más daño cerrándonos prematuramente el bloqueo con perjuicio para todos y para nosotros más inmediato.Con respecto a esta negociación debe la prensa estar moderada que marchen los hechos delante de las palabras, para lo que conviene frenar éstas, que ya de por sí las cosas traslucen.Ignoro lo que te van a pedir, supongo será lo que dijeron un protocolo de principios sobre las conversaciones sostenidas y los puntos en que ha habido acuerdo, base para el futuro pacto de alianza.Un solo punto de tu carta en que haces referencia a la conversación del Führer hay que meditar, éste es la agresión sin previo aviso a Gibraltar, cosa de orden moral que habrá que examinar despacio.A título de información te envío una copia de una carta que Samuel Hoare le pone esta noche a Beigbeder dando explicaciones de lo de Dakar. Esto responde a una constante amenaza nuestra de que no consentiremos provoque alteraciones del orden.Un abrazoPACO»
Las conversaciones finalizan con todo pendiente de rematar en el encuentro personal Hitler-Franco en la estación internacional de Hendaya, frontera francoespañola. Será el 23 de octubre. Entretanto Serrano asiste en Berlín, como invitado, a la firma del Pacto Tripartito entre Japón, Italia y Alemania. Sus encuentros con Ribbentrop y otros funcionarios menores le han dejado un amargo sabor por la falta de comprensión mostrada hacia la realidad española, que está en una encrucijada vital de su destino. Quiere pero por sí misma no puede. Y así lo descarga, sincerándose de forma nada diplomática, más bien brutal, en su encuentro en Roma con el Duce y Ciano el 1 de octubre. Sin embargo, el alter ego, en ese momento, de Franco, ignora que un giro parece ya definirse en la actitud del Führer. No será posible reconocer por escrito que el Marruecos francés sea para España. Eso comprometería la colaboración de Vichy, con el riesgo de que el ejército colonial francés se pase a De Gaulle.
Desde el otro lado de la trinchera, el 8 de octubre Churchill regala los oídos de Franco y su régimen de dictadura desde la Cámara de los Comunes. Niega, mintiendo, que su gobierno tenga la más mínima intención de someter a España a bloqueo alguno. Ya lo está haciendo. Dice que España necesita la paz para «reedificar su vida nacional con dignidad, clemencia y honor». Y enfatiza que la Gran Bretaña desea «ver a España ocupando el puesto a que tiene derecho como gran potencia mediterránea y como guía y miembro de la familia de Europa y de la Cristiandad.» ¬Pero la suya no es una declaración espontánea ni le ha salido del corazón. El premier se atiene a la recomendación que Samuel Hoare ha hecho días atrás a Lord Halifax. El 27 de septiembre el embajador en Madrid ha remitido un largo despacho a su ministro de Exteriores contándole al detalle la conversación que ha tenido con el coronel Beigbeder. El zascandil ministro de Asuntos Exteriores ya se ha entregado plenamente a los aliados y está a sueldo de la Embajada británica. Otros lo están de la de Alemania, pero al menos se mueven en la línea que marca la política oficial. De paseo por una finca devastada de la familia real, a las afueras de Madrid, el coronel ha propuesto al vizconde de Templewood que sería muy bueno para la causa de ambos «difundir una breve declaración de comprensión y simpatía favorable a las relaciones con España».
Los excesos en las relaciones del ministro con los embajadores inglés y norteamericano desatan las dudas, y los rumores sobre su lealtad le ponen en la picota. Franco como siempre en estos casos deja hacer hasta que de improviso da el hachazo. El 18 de octubre, a una semana vista del encuentro en Hendaya, Beigbeder se entera por los periódicos que ya no es ministro. El Caudillo ya llevaba un tiempo pensando en su sustitución por Serrano Suñer. Una de las primeras cartas y visitas que recibe el cesado es precisamente la del embajador inglés. El ex ministro para justificar su caída afirma que ésta se debe al acuerdo que él y el ex ministro de Comercio, Luis Alarcón de la Lastra, cesado igualmente, habían llegado con los Estados Unidos por el que España iba a recibir 600.000 toneladas de trigo. Las condiciones eran tan favorables que el pago se haría como se quisiera. Tan sólo había que publicar una nota en la prensa reflejando ese hecho. Pero «enterado el Gobierno alemán, por haber celebrado tal acuerdo ambos ex ministros bebiendo una copa de vino, impuso a Franco la anulación de la operación, que tantos beneficios hubiera tenido para España, produciéndose la crisis, porque ellos, Alarcón y Beigbeder, se rebelaron contra la imposición extranjera.» Todo es una invención del coronel, pero así al menos intenta salvar la cara. Desde entonces Beigbeder pasará a una activa y entretenida conspiración contra Franco.
Llega el día de Hendaya. Y hacia allá van Franco y Serrano. El día anterior lo han pasado en el palacio de Ayete de San Sebastián. El Caudillo apenas si ha podido conciliar el sueño. Al día siguiente se va a encontrar con el señor de Europa. Mientras el desvencijado break de Obras Públicas les conduce hasta la frontera, Franco redacta de puño y letra una breve minuta para que no se le olviden los puntos fundamentales. Es la base del escrito que remitió a Serrano a Berlín el 24 de septiembre pasado.
«España no puede entrar por gusto.Canarias -Sahara, Guinea- aviación, gasolina, transportes, trigo y carbón.Comunicación a través de Francia precaria.Destrucción de ciudades y fábricas. Pérdida del estrecho al N. y S.Situación interna políticaAcordarse de la campaña nuestra, caras largas, no faltó de nada, el mar libre.Ejemplo de Italia con industria y 20 años de preparación.Ejemplo de ItaliaLequio a Fontanar. Que Italia había perdido la guerra pues si al final la ganara Alemania les trataría mal por lo poco que pesaron que de esto están convencidos muchos. Y que si la pierden del todo no se dejará. Que España llegado el caso si queda fuera puede ayudar a salvarles.Pazi (germanófilo) que aún le quedan muchos recursos.Espinosa: un almirante pesimista. Difícil ganar ya que confían en una paz de compromiso.»
Cuando Franco baja del tren al andén Hitler le está esperando al pie de la escalerilla. Lleva unos minutos, poca cosa. Con el tiempo y la propaganda se especulará con que la espera fue de una hora y un acto deliberado para poner nervioso al Führer y tener una baza ganada. Nada más lejos de la realidad. Provocar a Hitler en esos momentos además de estúpido hubiera sido suicida. Además Franco era su amigo. Le estaba agradecido por su apoyo en la pasada guerra y tenía contraída una deuda con él. Y en Hendaya está para negociar lo que va a obtener de Alemania a cambio de su beligerancia. «Yo soy el dueño de Europa y como tengo a mi disposición doscientas divisiones no hay más que obedecer», recuerda en sus memorias Serrano Suñer que dijo Hitler . Durante las nueve horas de conversaciones que Hitler, Franco, Ribbentrop y Serrano, con los traductores Groos, alemán, y Barón de las Torres, español, tienen en el coche salón Erika del Führer, éste intenta por todos los medios que España se incorpore a la alianza militar del Eje y selle su entrada en la guerra con el ataque a Gibraltar. Franco, que sí está dispuesto a entrar en combate, quiere garantías de que va a salir bien librado de la misma, de que será una campaña corta; expone descarnadamente la angustiosa miseria y hambruna que atraviesa el país, su falta de preparación adecuada y de medios, y pone el acento en las reivindicaciones territoriales. «¿Puede Alemania concedernos todo esto?» Y ahí es donde está la clave. Porque Hitler no concreta el envío de alimentos, material industrial y de guerra, ni tampoco la entrega del Marruecos francés. Al día siguiente se va a encontrar con Pétain y Laval y estima en mucho la colaboración de Francia para ponerla de su lado en la lucha contra Inglaterra. Un reconocimiento expreso podría dar al traste con ella. De ahí, que aunque Hitler esté de acuerdo en conceder esos territorios, no puede comprometerse a que figure por escrito.Todo lo deja aplazado para después de la derrota de Inglaterra.
El profesor Detwiler en Hitler, Franco und Gibraltar, publica en el apéndice el acta de la reunión de Hendaya. Procede de los archivos de la Wilhelmstrasse que los norteamericanos se llevaron en 1945 y devolvieron a Alemania en 1958. Lamentablemente el documento está incompleto. Pero la parte sustancial sobre este extremo sí está recogida.
«El Caudillo comienza mostrando su satisfacción por conocer en ese momento personalmente al Führer y poder presentarle el agradecimiento de España por todo lo que Alemania ha efectuado hasta la fecha por su país. España ha estado siempre unida espiritualmente al pueblo alemán, sin reservas y con toda lealtad. En este sentido España siempre se ha sentido miembro del Eje. Durante la guerra civil los soldados de los tres países lucharon juntos y se creó entre ellos una profunda solidaridad. De la misma manera España se unirá estrechamente en el futuro con Alemania puesto que históricamente solo hay cosas que los unen y nada que los separe.También en la actual contienda España estaría con gusto el lado de Alemania. El Führer conoce suficientemente las dificultades que para ello deberían ser superadas. Una guerra exige preparativos en los campos económico, militar y político. En el marco de sus modestas posibilidades, España ha comenzado con tales preparativos pero topa con dificultades que le plantean elementos enemigos del Eje en América y Europa. Por esta razón, España debe ir paso a paso y poner a menudo cara de circunstancias hacia cosas con las que en modo alguno estaría de acuerdo.Franco habla después de las crecientes dificultades de abastecimiento de España y en este contexto menciona que los EE.UU. y Argentina, al parecer obedecen exactamente las órdenes de Londres puesto que ha habido casos en los que a través de la embajada inglesa se eliminaron cortapisas con los países mencionados. Las actuales dificultades existentes se han empeorado todavía debido a la mala cosecha. A pesar de todo, teniendo presente su alianza espiritual con las potencias del Eje, España ha adoptado respecto a la guerra la misma actitud que tomó Italia el pasado otoño.El Führer respondió que se alegraba de ver personalmente por primera vez en su vida al Caudillo con el que había estado espiritualmente tan a menudo durante la guerra civil. Que sabía sobradamente cuán dura fue la lucha en España puesto que también él, a partir de 1918 1919 tuvo que sufrir parecidos conflictos hasta que se logró el triunfo del movimiento nacionalsocialista. Los enemigos de España fueron también sus enemigos…. En este momento el gran problema a resolver se centra en impedir que se vaya extendiendo en Africa francesa el movimiento de De Gaulle que proporcionaría en este caso bases en la costa francesa a Inglaterra y América. Un peligro, en este sentido, que está realmente presente. El gobierno Pétain está en la lamentable situación de tener que liquidar una guerra de la que no es responsable pero de cuyas consecuencias, sin embargo, le acusan sus adversarios. Es decir, se trata de impedir que debido a esta difícil posición del gobierno francés puede De Gaulle incrementar su fuerza lo que, por cierto, representaría el desmoronamiento total de Francia. Finalmente se ha de intentar poner a Francia en una posición clara ante Inglaterra. Este es un difícil intento porque en Francia todavía hay dos corrientes, una fascista que representan Pétain y Laval, y una opositora que quiere practicar un ambiguo juego con Inglaterra. Además es especialmente difícil impulsar a los franceses a que tomen un posicionamiento claro porque no saben como va a ser la paz….Las modificaciones territoriales para después de la guerraLa finalidad de esta conversación en Hendaya es la siguiente: si se consigue formar contra Inglaterra un gran frente total, entonces la lucha sería sustancialmente más fácil para todos los participantes y se podría acabar rápidamente. Para la constitución de esta alianza se interponen como obstáculos las peticiones españolas y las esperanzas francesas. Caso de que Inglaterra no participara ya en la guerra y no existiera un De Gaulle, no haría falta siquiera pensar que se debía renunciar a las reclamaciones frente a Francia. Francia no tendría otra alternativa que inclinarse, y en caso de que no quisiera someterse, podría ser ocupada en doce días sin dificultades… Más difícil sería ocupar el Norte de Africa y no sería posible sin un gran esfuerzo militar. Los franceses saben que algo deben sacrificar en el tratado de paz. Ya cuentan con perder las colonias alemanas y Alsacia-Lorena; saben que serán necesarias correcciones en las fronteras y que van a perder Niza, Córcega y Túnez. En este último caso se sentirán muy conmocionados por su pérdida… Existe el peligro de que en el momento que se les diga a los franceses que deben abandonar ciertos territorios africanos, estas posesiones africanas se separen de Francia, quizá incluso con el beneplácito del gobierno Vichy. Para evitar este riesgo, él [Führer] ha elaborado una fórmula general que ayer expuso ante el Sr. Laval. Pero no quiso concretar qué modificaciones territoriales se harían tras la guerra. Solamente aseguró al Sr. Laval que los cambios en el estado actual de las posesiones francesas en Africa son ineludibles y le aclaró que está en manos de los mismos franceses, mediante su participación en el aplastamiento de Inglaterra, conseguir compensaciones por las pérdidas territoriales que de momento no podían ser enunciadas, y con cuyas compensaciones Francia podría llegar a mantener un valioso imperio colonial. Estos mismos pensamientos quiere exponérselos mañana al mariscal Pétain y al respecto quiere hacer que el Caudillo reflexione sobre lo siguiente: si se consigue marchar conjuntamente con Francia, entonces quizá el resultado de la guerra no significará grandes modificaciones territoriales. A cambio, el riesgo disminuye y el triunfo sería alcanzable más pronto. En su opinión personal, en una guerra tan cruel es mejor conseguir rápido éxito en poco tiempo, aún cuando la ganancia sea menor, que padecer largas guerras. Si Alemania consigue con la ayuda de Francia un triunfo más rápido, estaría dispuesta a conceder por ello a Francia unas condiciones de paz más leves. Además, según la opinión personal del Führer, Alemania, Italia y España van a surgir de la guerra como aliadas y sen el futuro siempre existiría la posibilidad de efectuar correcciones.»
Franco acepta, quizá porque no tiene más remedio, la argumentación de Hitler. Pero el tira y afloja se debate cuando Ribbentrop entrega para su firma el proyecto de protocolo que ya tiene redactado. En él figura que España entrará en la guerra cuando Alemania lo decida. La parte española no acepta eso y Hitler propone que se retiren a su tren para ofrecer una contrapropuesta. La oferta alemana es vaga y sin concretar. De hecho, España tampoco ha sacado nada en claro sobre ayuda alimentaria y militar. Serrano recuerda en sus memorias que fue en ese momento cuando el Caudillo se mostró indignado. «Es intolerable esta gente; quieren que entremos en la guerra a cambio de nada; no nos podemos fiar de ellos si no contraen, en lo que firmemos, el compromiso formal, terminante, de cedernos desde ahora los territorios que como les he explicado son nuestro derecho; de otra manera ahora no entraremos en la guerra. Este nuevo sacrificio nuestro sólo tendría justificación con la contrapartida de lo que ha de ser la base de nuestro Imperio. Después de la victoria, contra lo que dicen, si ahora no se comprometen formalmente no nos darían nada.» La conversación Serrano-Ribbentrop no resuelve nada nuevo. Se acuerda emitir un comunicado de prensa anodino, que España proponga una nueva redacción sobre los puntos del protocolo que discrepa y, después de cenar, Hitler da por concluida la jornada y se despide de Franco. De forma efusiva y cordial.
En Ayete Franco y Serrano no pierden un segundo y con Enrique GiménezArnau a la máquina dan, ya bien entrada la madrugada, forma a un nuevo texto. Amanece cuando el embajador Espinosa de los Monteros, que se había quedado en Hendaya, saca de la cama a Serrano para recoger el documento. Las maneras son intempestivas. Espinosa explica que Hitler y Ribbentrop están en Hendaya que braman. Exigen el protocolo firmado antes de las ocho de la mañana. Franco, al que también han levantado, mide la situación. Todos están enfadados. Pero hay que ceder. «Mira, le dice a su cuñado, en estas circunstancias no es prudente hacer esperar más a los alemanes y lo mejor será entregar el proyecto que hicimos anoche, dándoles, sólo en base de éste, nuestra conformidad. Hay que tener paciencia: Hoy somos yunque, mañana seremos martillo» El turno corresponde ahora a los alemanes, que no aceptan la redacción propuesta. El documento aún habría de sufrir nuevos retoques, especialmente en su punto quinto, hasta que finalmente fue aceptado por Italia, Alemania y España .
«Entre los gobiernos de Italia, Alemania y España se acuerda lo siguiente:1.º Entre el Führer del Reich Alemán y el Jefe del Estado español, como resultado de las conversaciones entre el Duce y el Führer, así como entre los tres ministros de Asuntos Exteriores de los tres países mantenidas en Rima y en Berlín, se ha sostenido un intercambio de opiniones como resultado del cual se han aclarado ampliamente las recíprocas posiciones de los tres países así, como los problemas inherentes a la conducción de la guerra y de la política general.2.º España se declara dispuesta a integrarse en el Pacto Tripartito cerrado el 27 de septiembre de 1940 entre Italia, Alemania y Japón y para este fin firmar la correspondiente acta de los ya constituyentes transformándola en un común entre las cuatro potencias.3.º En el acta presente España se declara dispuesta a ingresar en el pacto de amistad y alianza entre Italia y Alemania y en la correspondiente acta anexa secreta del 22 mayo 1939.4.º En cumplimiento de sus obligaciones como aliada, España intervendrá en la actual guerra de las potencias del Eje contra Inglaterra, después de que dichas potencias le concedan el apoyo necesario militar para su preparación, y en una fecha fijada en un acuerdo conjunto entre las tres potencias en atención a los preparativos bélicos a decidir. Alemania otorgará apoyo económico a España enviando bienes alimenticios y materias primas para hacer frente a las necesidades del pueblo español y las exigencias de la guerra.5.º Excepto en lo que respecta a la reinserción de Gibraltar en España, las potencias del Eje se muestran en principio de acuerdo –satisfaciendo una ordenación general que debe promulgarse para Africa y que debe establecerse en los tratados de paz tras la derrota de Inglaterra- en conseguir que España reciba en Africa territorios en la misma proporción en que Francia pueda ser compensada al concederla en Africa otros territorios del mismo valor, teniendo en cuenta que permanecen garantizadas las reclamaciones de Alemania e Italia frente a Francia.6.º La presente acta tiene carácter de alto secreto y los partícipes se comprometen asegurar un secreto total sobre ella en tanto no se acuerde conjuntamente en levantarlo.Extendido por triplicado en el original en idioma italiano, alemán y español.Hendaya, 23 octubre 1940»
A Hitler la entrevista con Franco le ha parecido en algunos momentos tediosa y aburrida, pero el dictador ha sabido guardar las formas y mantener la corrección en todo instante. Incluso hasta contenerse durante las disertaciones técnicas del generalísimo sobre las campañas militares en las que Alemania había salido vencedora. Luego le dirá a Ribbentrop que «con estos tipos no hay nada que hacer». Ambos deducen que a pesar de la adhesión de España al Pacto Tripartito (la alianza militar), lo ha hecho a hurtadillas al querer que el protocolo se mantenga secreto, y no se ha puesto fecha a su entrada en la guerra. Por ello le criticarán e insultarán. Al día siguiente de Hendaya, Hitler se encuentra con Mussolini en el paso fronterizo del Brenero para informarle de lo acontecido. El Duce coincide en la forma como se ha planteado la cuestión territorial. «Sería peligroso adquirir un compromiso con España para la cesión del Marruecos francés». Sin embargo, para evitar que las corrientes anglófilas y democráticas se refuercen en España es conveniente que le «digamos a Serrano Suñer que estamos acordes con todas las reivindicaciones de España respecto a Inglaterra, y en principio con una modificación territorial en Marruecos, aunque sin definir esto con precisión hasta el momento de la paz.»
Unos días más tarde, 28 de octubre, el Führer y el Duce vuelven a conferenciar en Florencia en presencia de Ribbentrop y Ciano. En ese instante las tropas italianas han roto las hostilidades contra Grecia, abriendo un nuevo frente de guerra en los Balcanes. La decisión ha sido unilateral de Mussolini sin que Hitler, casi cogido tan de sorpresa como los griegos, haya tenido tiempo para frenar tal disparate. Sin embargo, ahora no se descarga contra su aliado, ya lo hará en unas semanas. Sí lo hace contra el vicepresidente de Vichy, Pierre Laval: «un puerco político democrático, que no cree en nada de lo que dice y que sólo se orienta hacia nosotros para salvarse». Y en relación con España y Franco precisa:
«La impresión que el Führer tiene sobre España es la de un gran desorden. Franco le Parece «un corazón valeroso, pero un hombre que sólo por carambola se ha convertido en jefe». No tiene talla de político ni de organizador. Los españoles se proponen objetivos desmesurados. Se reservan la elección del momento en que entrarán en la guerra, y a la vez piden cosas de cuantía material gravosas en exceso para el Eje, si fuesen aceptadas. Su programa de reivindicaciones coloniales alcanza tal amplitud, que, si lo aprobásemos, en el acto se alinearía el Imperio colonial francés junto a De Gaulle. El Führer no hará la paz mientras no se realicen las aspiraciones italianas, pero no se inclina a adquirir igual compromiso respecto a España. Suñer pide rectificaciones de fronteras en los Pirineos y reivindica el Rosellón o Cataluña francesa. Exige Orán y todo Marruecos hasta el paralelo 20. Esa fórmula no ha podido ser aceptada. Se ha compilado, pues, un protocolo secreto, tripartito, que el Führer somete a la aprobación del Duce y que contiene una fórmula vaga respecto a las reivindicaciones españolas. A tal conclusión se ha llegado muy fatigosamente tras una conversación de nueve horas. Por no volver a tener esa conversación, el Führer «preferiría hacerse sacar tres o cuatro mueles».»
Franco, por su parte tampoco ha quedado satisfecho de Hendaya. No se han concretado las ayudas en alimentos, militares y técnicas. Tampoco están expresadas las peticiones territoriales. En el protocolo secreto, que Franco asume, se recogen de una forma vaga, vaporosa. Al menos ha sacado que la fecha de entrada en la guerra la fijará España, es decir, él. Lo que no es poco. Y será objeto de dura pugna y controversia en las próximas semanas. Aun así cree que debe precisarle a Hitler por escrito lo que ya le ha reiterado hasta la saciedad. Para él se trata de una cuestión de principio que reivindica como derecho histórico ante el maltrato secular que España ha recibido de Inglaterra y Francia. Franco arremete contra el ambiente mundial democrático y plutocrático, que tanto ha perjudicado a España, víctima de débiles gobiernos liberales y se rebela ante la idea de que en el nuevo orden europeo, el ajuste francés se haga a expensas del derecho español. La carta, fechada en El Pardo el 30 de octubre, una semana después de Hendaya, está dirigida «Al Führer del pueblo alemán». En esta ocasión es la secretaria de Serrano Suñer, María del Carmen Fernández Heredia, quien la lleva hasta Berlín, donde el 3 de noviembre -el mismo día de la muerte de Azaña- se la entrega al embajador Espinosa.
«Querido Führer:Después de nuestra entrevista de Hendaya, donde tuvimos ocasión de conocernos y de plantear de modo directo cuestiones de vital interés para nuestros dos países, quiero, refiriéndome a lo convenido en la propia entrevista y expresándome con abierta franqueza y claridad, dar una prueba de lealtad a una política iniciada justamente el día en que alemanes e italianos se pusieron en relación, en momentos bien difíciles, conmigo y con el movimiento que buscaba asegurar una rectificación en la política internacional de España que la garantizase su libertad de acción y la apartase ya de la tutela e intromisión de las democracias occidentales.Ante la necesidad por Vos expresada de acelerar la guerra, incluso llegando a una inteligencia con Francia, que eliminase los peligros resultantes de la dudosa fidelidad del ejército francés de Africa al Mariscal Pétain, fidelidad que con toda certeza desaparecería si de cualquier modo fuera conocido que existía un compromiso o promesa de cesión de aquellos territorios, me pareció admisible vuestra propuesta de que en nuestro pacto no figurase concretamente lo que es nuestra aspiración territorial. Ahora bien, con arreglo a lo convenido, por esta carta Os reitero las legítimas y naturales aspiraciones de España en orden a su sucesión en Africa del Norte sobre territorios que fueron hasta ahora de Francia. Con esto España no hace sino reivindicar lo que le corresponde por un derecho natural suyo, ya que España es el país europeo más próximo, con mayores afinidades geográficas y con mayores razones históricas, que convierten en derecho legítimo lo que en el caso de Francia no fue sino una intromisión favorecida por un ambiente mundial democrático y plutocrático, contra el cual no supieron reaccionar los gobiernos españoles de los tiempos de la intromisión de Francia en Marruecos, gobiernos liberales sometidos a las indicaciones e insinuaciones de París y de Londres, que precisamente llegaron a la Entente Cordiale sacrificando nuestros intereses y derechos en Marruecos a la vez que forjaban un arma contra Alemania.Vos como todo el pueblo alemán no ignoráis que gran parte de lo que ahora reivindicamos le llegó a estar reconocido a España por los Tratados internacionales, en los que la torpeza y la vacilación de los gobiernos liberales españoles retrocedió siempre a cada nueva exigencia francesa. Vos, que habéis sabido levantar la ira y el orgullo del pueblo alemán contra los que le acorralaban y negaban el derecho a vivir, comprenderéis bien nuestro afán de librarnos de las renuncias liberales y de negar toda solidaridad con lo que por parte de España fue una sumisión, que yo no toleraré se prolongue, a las imposiciones de una época de injusticias, que regaló el mundo entero a la codicia de dos o tres potencias más afortunadas y negó a España, como a Alemania y a Italia, toda posibilidad de expansión. Sólo por este despotismo de los más fuertes, que negaron la más elemental justicia a los pueblos más pobres y más ricos en hijos, España se vio privada de lo que ahora espera reivindicar. No es tierra francesa la que queremos, ni pretendemos aprovecharnos de sangre francesa: queremos solamente lo que una hábil diplomacia liberal, que colocaba en los propios mandos del viejo Estado español dóciles instrumentos suyos, nos arrebató con plena injusticia.Bien está desde luego que el establecimiento de un orden nuevo esté presidido por una idea de justicia que incluso no deje ajena a los beneficios de esta Justicia a Francia misma, pero no quisiéramos que la justicia que se hiciera a Francia, país enemigo de siempre para Alemania como para España, fuese a expensas del derecho de España.Reitero, pues, la aspiración de España al Oranesado y a la parte de Marruecos que está en manos de Francia y que enlaza nuestra zona del Norte con las posesiones españolas Ifni y Sahara.Cumplo con esta declaración un deber de lealtad y de claridad y me complazco en hacerla presente con la confianza que nuestra amistad me permite y aun exige.Vuestro».
El Reino Unido está expectante ante los acontecimientos que se pueden desarrollar después de la entrevista en Hendaya, y pese a que desconoce lo tratado y la firma del protocolo secreto, no ignora que si España rompe hostilidades junto a Alemania, Gibraltar será el primer objetivo. Al objeto de mitigar la avalancha de propaganda germanófila, el Foreing Office remite un memorándum sobre cómo desarrollar una acción eficaz de propaganda que vaya calando en ciertos sectores proclives a Inglaterra. El jefe del servicio de prensa de la embajada, Tom Burns, examina con detenimiento las instrucciones recibidas.
«La eficacia de la propaganda en España, dado el carácter de observación y crítica del temperamento español, ha de orientarse necesariamente a un gran respeto al Régimen de España y a no recordarle nunca los dolores de su guerra pasada. Debe ser suave y moderada en el sentido de que no sea incorrecta ni agresiva, pues no hay que olvidar que todo lo que se publica en España es objeto de especialísima atención por parte de Alemania e Italia y hay que evitar que estos países presionen a España si ven una propaganda agresiva a que intervenga, debe evitarse todo roce en este aspecto. Hay que hacer resaltar la verdad de lo que ocurre en la guerra y en la marcha de los acontecimientos en Gran Bretaña pues el público español lo desconoce y una propaganda bien hecha irá orientando y atrayendo simpatías.»
La locura italiana en los Balcanes lleva el desasosiego y molesta profundamente en España. Se amplía el escenario bélico y la duración del mismo, con lo que se impone una mayor prudencia a la hora de decidir cuándo entrar en combate. El general Guderian, jefe de las Divisiones Panzer, recogería en sus memorias este comentario de Hitler. «La primera repercusión del paso dado por propia iniciativa de Mussolini fue –según aserción que me hizo Hitler directamente- desprenderse Franco de toda ligazón con el Eje. No quería unirse abiertamente a tan veleidoso compañero, en una política común.» La conclusión del canciller alemán, que también está encolerizado con el Duce, es, sin embargo, otra. Se reúne con su Estado Mayor y decide que al tiempo que hay que prestar asistencia a su aliado italiano, urge cerrar el Mediterráneo por Gibraltar. Es imprescindible acelerar la entrada de España en la guerra. El 12 de noviembre dicta la instrucción decimoctava: «Fin de la intervención alemana en la península ibérica (nombre cifrado: Félix) será arrojar a los ingleses del Mediterráneo occidental». Ribbentrop convoca a Serrano Suñer el 18 a una conferencia con Hitler en el Berghof de Berchtesgaden, su refugio bávaro. En la misma también estará Ciano. El ministro español despacha con Franco y los ministros militares, generales Vigón, Varela y almirante Moreno. La instrucción es que debe aguantar el torrente y nada de dar una fecha. Consigna: demorar todo lo que se pueda.
Nada más recibirle Hitler le espeta a Serrano que de «acuerdo con lo convenido en Hendaya, hay que fijar la fecha más próxima de la participación española en la guerra, porque es absolutamente necesario atacar a Gibraltar; lo tengo decidido». Serrano ante una conminación de tal calibre se refugia en los eternos argumentos: falta de preparación, miseria y hambre. E incluso se permite trasmitirle que Franco se quejaba de que hasta ahora Alemania no había enviado ni vivires ni material de guerra alguno. Y ante un enorme tablero sobre el que está desarrollado el ataque al peñón y el despliegue de las divisiones alemanas, el ministro utiliza el argumento humano, el único que le queda, lleno de patetismo: «Führer, España es aliada de Alemania, somos germanófilos, desearíamos vivamente estar combatiendo a vuestro lado porque luchamos por la misma causa, pero no podemos entrar en la guerra. Nuestro pueblo vive en la miseria, se muere casi de hambre por inanición y no podemos arrastrarle a la guerra hasta que no mejore esta situación». Hitler le mira directamente a los ojos durante un tiempo. El silencio es tenso en una sala llena de jefes de Estado Mayor, ministros y políticos, todos preparados para la guerra. Luego le da la mano y da por concluida la entrevista. Ni siquiera le ha insistido cuando Serrano se ha negado a permitir el paso de las tropas alemanas. La segunda entrevista que había programada se anula. No tiene sentido. Ribbentrop por su parte tampoco conseguirá nada. La cólera de Hitler se desatará contra Ciano, que espera fuera, y por carta contra Mussolini, por la absurda aventura guerrera de los Balcanes.
No obstante, el Estado Mayor alemán no renuncia a llevar a cabo el ataque sobre Gibraltar. El general Keitel envía de nuevo al almirante Canaris a Madrid para que informe a Franco que las tropas alemanas entrarán en la península el 10 de enero de 1941. La operación Félix comenzará a finales de ese mismo mes. El Caudillo recibe a Canaris el 7 de diciembre. Y el resultado es adverso. No es posible que España entre en la guerra «en el plazo que fija Hitler, porque no está el país preparado para ello». Ni tampoco puede comprometerse a dar una fecha próxima. Keitel escribirá después en su diario, a la vista de la conspiración de Canaris contra Hitler en 1944, que «ahora dudo de que fuera Canaris la persona adecuada para esa misión». Dos días antes, el 5, el Führer había escrito a Mussolini significándole la urgencia de que Franco abriera sus puertas a la guerra. «Considero como una necesidad apremiante que el Gobierno español y el Caudillo tomen una decisión precisa en lo que concierne a la entrada en guerra de España… La posesión del estrecho de Gibraltar es de una importancia capital. Sólo cuando tengamos el estrecho la situación en el norte de Africa nos será realmente favorable. Sólo en esa eventualidad podremos hacer frente a la insurrección francesa y aplastar a los británicos si tratan de desembarcar. Por eso, una vez más, quiero dirigir hoy un ruego a Franco para que fije la fecha de su entrada en guerra.» Pero de seguir adelante Hitler sería en contra de la voluntad de España, lo que no desea. El 10 de diciembre de 1940, el general Halder anota en la sección de operaciones del diario del Estado Mayor alemán: «Recibido el telegrama del almirante Canaris, Hitler decide que no se realice la operación Félix, pues ya no existen los requisitos políticos necesarios».
El 20 de diciembre el canciller dicta la operación Barbarroja, el ataque para aplastar a la Rusia soviética mediante una rápida campaña. Amargado y desilusionado escribe a Mussolini quejándose de Franco. Le acusa de haberse vendido a los aliados por trigo norteamericano. No ha tenido en cuenta «la ayuda que nosotros –usted Mussolini, y yo- le prestamos cuando la necesitaba.» A pesar de tales críticas Hitler no abandona su proyecto de controlar el Mediterráneo occidental y ocupar el Norte de Africa. El 9 de enero de 1941 comenta a sus jefes del Oberkommando der Wehrmacht (Estado Mayor Central), que «la actitud de este país [España] se ha vuelto vacilante, pero, aunque parezca muy difícil conseguirlo, intentaremos otra vez que entre en la guerra». Para esa misión espera conseguir que Mussolini convenza al dictador español. El 18 de enero el Duce y Ciano viajan a Salzburgo y de ahí al Berghof. Repasan la marcha de los frentes. A Hitler le preocupa el deterioro de la situación de Africa del Norte donde se desmorona la estabilidad entre Pétain y Weygand, con el riesgo inminente de que el ejército colonial francés se pase a las filas de De Gaulle, y arremete contra Franco porque no da más que largas. «No es soberano, sino subalterno por temperamento», es un general inepto al que su propia incapacidad lo arroja «enteramente en manos de la iglesia católica», le falta valor político, porque carece de fe en sí mismo «y casi da pena». Luego «hizo hincapié en la gran ingratitud de Franco para con las dos potencias del Eje, a las que debía toda su existencia». Sin embargo, le pide a Mussolini que «tratase por última vez de convencer a Franco, conversando personalmente con él»
El Duce, que está deprimido y desmoralizado ante los continuos reveses militares en Libia y los Balcanes, acepta el encargo aun sin mucha convicción. Quizá porque esté pensando ya que en el mejor sitio donde se puede estar es fuera de la guerra. El conde Ciano en su diario escribe al respecto: «Existe una solidaridad absoluta entre los países del Eje, y juntos marcharemos en los Balcanes. Nos ha correspondido la dura misión de hacer regresar al hijo pródigo español, que, en mi opinión, si se separa definitivamente de nosotros, será en gran parte por culpa de los alemanes y de su tosca manera de comportarse con los latinos, comprendidos los españoles, que, probablemente, a causa de sus mismas cualidades sean los más difíciles de tratar.» El 22 de enero Galeazzo escribe a Serrano. «A juicio del Duce ha llegado ahora un momento muy propicio para una entrevista entre el Duce y el Caudillo, acompañado éste, naturalmente, por ti. Por tanto, y en nombre del Duce, te propongo que estudies la posibilidad de un viaje del Caudillo y tú a Italia, viaje que se cumpliría en los días próximos». Franco y Serrano aceptan el encuentro que tendrá lugar finalmente en Bordighera, sobre la Costa Azul italiana, el 12 de febrero.
Pero mientras tanto el embajador Eberhard von Stohrer, que también ha coincidido en el Berghof con el Duce y Ciano, regresa a Madrid con un duro mandato de Ribbentrop. Leer a Franco una carta de seis puntos durísima, agria e insultante para que conteste sí o no va a entrar en la guerra, sin más dilaciones. Para ello tiene cuarenta y ocho horas. Todo un ultimátum.»1º Sin la ayuda de Hitler y de Mussolini, hoy no habría ni España nacional ni Caudillo.2º Los ingleses, franceses y norteamericanos tienen un objetivo: la destrucción de Franco y de la España Nacional. Las democracias unirán a cualquier ayuda una coacción política para debilitar al régimen de Franco. Nuestra convicción, además, es que debido a razones técnicas (falta de barcos, etc.) el envío de cantidades importantes de cereales a través del océano es imposible. La misma Inglaterra es ahora mismo incapaz de proveer a sus propias necesidades y está en el camino del hambre.3º La existencia de la España Nacional y de Franco y el gran futuro de España están, por ello, indisolublemente unidos con el destino del Eje y de las Potencias aliadas con el Pacto Tripartito. Sólo Alemania está en la posición de dar a España una ayuda efectiva en su situación alimenticia.4º El Eje ha vencido ya en esta guerra. El Führer y el Duce están convencidos de que la victoria de las potencias del Pacto Tripartito se asegurará definitivamente este año. El cierre del Mediterráneo con la captura de Gibraltar contribuirá a un final de la guerra más rápido y además abrirá para España el camino hacia Africa con todas sus posibilidades. Sin embargo, esta acción sólo tendrá importancia estratégica para el Eje si se lleva a efecto en las próximas semanas. De otra forma resultaría demasiado tarde debido a otras operaciones militares.5º El Führer y el Gobierno alemán están hondamente preocupados por la equívoca y vacilante actitud de España. Esta actitud es completamente incomprensible para ellos en vista de la ayuda que dieron a Franco en la guerra civil española y en vista que el claro interés político de España radica en la unión con Alemania y sus aliados.6º El Gobierno del Reich da este paso para evitar que en el último minuto España tome un camino que está firmemente convencido podría terminar sólo en una catástrofe para España. Si el Caudillo no decide inmediatamente unirse a la guerra de las potencias del Eje, el Gobierno del Reich no puede hacer más que vaticinar el final de la España.»
Franco escucha con serena frialdad las invectivas alemanas. Sin inmutarse, aparentemente, le responde al embajador que «esas afirmaciones son muy graves y no son ciertas». Hace una viva protesta de lealtad, jamás ha vacilado en su actitud hacia el Eje, hacia el que, por gratitud y probidad, nunca dejará de ser su política favorable. Y de nuevo vuelve a extenderse sobre la paupérrima situación nacional. Pero el embajador no es capaz de sacarle una respuesta concreta al sí o no de su participación ahora en la guerra. Ribbentrop, al conocer la respuesta de Franco se indigna con Stohrer, con el que mantiene los días finales de enero un agitado cruce de notas. Hasta que por fin en el despacho del 29 de enero, Stohrer le dice a su ministro:
«Franco no ha contestado de modo más concreto que en la respuesta escrita que se me ha dado, en la que plantea tantas objeciones a la inmediata entrada en guerra, que se puede considerar como una negativa de intervenir en la lucha…Por ello, que la respuesta dada hasta ahora signifique una negativa clara y definitiva, depende primeramente de qué se entienda por inmediata entrada en la guerra, esto es, cuál es el plazo que nosotros consideramos oportuno para que España intervenga en el conflicto.»
La técnica dilatoria española termina por exasperar a los alemanes. Ante el fracaso de todas las gestiones realizadas, llegan a la conclusión de que las crecientes demandas, que iban aumentando de día en día, son «exigencias tan absurdas, que sólo pueden explicarse por la intención de no entrar en la guerra, aprovechando cualquier pretexto». Ribbentrop, vencido, concluye en una nota a Hitler y Goering: «No se ha de hacer nada más». Ante ello Hitler decide tomar la iniciativa enviando una misiva a Franco. No espera a ver que ocurre con la entrevista que en una semana Mussolini tendrá con el Caudillo. De alguna manera intuye cuál va a ser el resultado de la misma. La carta es muy dura en el tono y en la forma y , a la vez, de una absoluta franqueza.
El Führer apenas si puede disimular la decepción y rabia contenida que en una serie de puntos le va matizando. Sabe que el camino iniciado no tiene otro retorno que el de la victoria absoluta o el de ser destruidos. España está en el mismo carro. Si Alemania perdiera la guerra -sorprendente reconocimiento de un Hitler, hasta ese instante, señor de Europa, dueño de su destino, avasallador y triunfador absoluto-, España también se verá arrastrada hacia su misma suerte. Siempre ha sido escéptico de que en un corto tiempo España mejorara su situación económica y de que Inglaterra mostrara una buena voluntad. Alemania sigue comprometida en la ayuda ofrecida. Por vez primera ofrece cien mil toneladas de trigo, pero todo a cambio de la firme voluntad de entrar en la guerra. «La lucha es a vida y muerte y en estos momentos no podemos hacer regalos». Si el 10 de enero las tropas alemanas hubieran podido cruzar la frontera, Gibraltar ya sería nuestro, los estrechos del Mediterráneo estarían cerrados y la propia situación interior de España habría mejorado sustancialmente. El Führer asume su responsabilidad y la palabra dada a sus aliados, lo que también afecta a España, que jamás tendrá otros amigos que los que tiene en la Alemania e Italia de hoy, salvo que se convierta en otra España. Y finalmente reprocha así las cautelas de Franco: El Duce, usted y yo, estamos unidos por la más extrema obligación de la historia… que en tiempos tan difíciles más puede salvar a los pueblos un corazón valeroso que una, al parecer, inteligente precaución». Tan larga carta está fechada el 6 de febrero. Los subrayados figuran en el original.
«¡Querido Caudillo!Cuando escribo esta carta lo hago para fijar con toda claridad las distintas fases del desenvolvimiento de una situación que no solamente es importante para Alemania e Italia, sino que también podría ser de decisiva importancia para España.Cuando nos reunimos, mi prioridad era el convencerle a Vd., Caudillo, de la necesidad de una acción conjunta de aquellos Estados cuyos intereses, al fin y al cabo, están indisolublemente asociados. Desde hace siglos, España ha sido perseguida por los mismos enemigos con los que hoy Alemania e Italia se han visto obligadas a luchar. Pero ahora, además de las aspiraciones imperialistas a las que tuvieron que hacer frente nuestros tres países, se han añadido contraposiciones derivadas de la cosmovisión. La democracia judaico-internacional que reina en esos Estados no nos va a perdonar el haber iniciado una senda que intenta asegurar el futuro de nuestros pueblos en razón de condicionamientos nacionales y no en base a fundamentos comprometidos con el capitalismo. No preciso perder una palabra sobre la determinación alemana de mantenerse firmes en esta lucha hasta las últimas consecuencias. Lo mismo piensa el Duce. Tampoco el pueblo japonés podría permanecer a la larga ajeno a esta confrontación, a no ser por el camino de una entregada sumisión en el porvenir del pueblo japonés. Estoy convencido de que España está ante el mismo destino. Caudillo, si su lucha contra los elementos destructivos de España alcanzó el éxito, fue debido sólo a la posición de Alemania e Italia que obligó a comportarse prudentemente al enemigo democrático. ¡Pero a Vd., Caudillo, jamás le van a perdonar ese triunfo! Y del mismo modo, Inglaterra no piensa -cuando se encuentre de nuevo fortalecida- dejarle a Vd. sentarse largamente en el Norte de Africa, frente a Gibraltar. La ocupación española de la zona de Tánger sería en tal caso -y esta es mi arraigada convicción, Caudillo- un mero pasajero intermezzo. Inglaterra, y por supuesto también América, harán todo para mantener esta entrada al Mediterráneo todavía más segura en el futuro que la tienen hasta ahora bajo su tolerancia. El combate que con grandes esfuerzos llevan a cabo hoy Alemania e Italia decide también, según mi más sagrada opinión, el destino futuro de España. Solamente en caso de nuestra victoria podrá mantenerse el actual régimen. Pero si Alemania e Italia perdieran la guerra, también quedaría excluido cualquier porvenir de una España verdaderamente nacional e independiente.Por todo esto he procurado convencerle a Vd., Caudillo, de la necesidad de unirse en interés de su país y del futuro del pueblo español, a aquellos Estados que ya anteriormente enviaron soldados para apoyarle y que también hoy luchan obligados no sólo por su propia existencia, sino indirectamente también por el porvenir de la España nacional.Ahora en nuestras reuniones, nos hemos puesto de acuerdo en que España declare su disponibilidad a firmar el Pacto Tripartito y a entrar en la guerra. Nunca se han tratado, ni siquiera mencionado, fechas en la fijación de un plazo, que queda en un lejano porvenir, sino siempre se ha hablado de un corto periodo dentro del cual Vd., Caudillo, ha creído poder llevar a cabo diversas medidas económicas en bien de su país.Yo personalmente y desde un principio he sido siempre escéptico sobre la esperanza de que en corto tiempo se puedan conseguir sustanciales mejoras económicas para España.1º ¡Inglaterra no tiene ni la más remota intención de ayudar realmente a España! Inglaterra sólo tiene la intención de retrasar la entrada de España en la guerra, de paralizarla, y con ello incrementar sus dificultades permanentemente y así poder finalmente derrocar al actual régimen español.2º Pero incluso si Inglaterra en un arrebato sentimental (hasta ahora no visto en su historia) quisiera pensar de otra manera, bajo ningún concepto sería posible que ayudara verdaderamente a España. Ha de ayudar a otro país en una época en que ella misma está obligada a rigurosas reducciones en su nivel de vida. Y la escasez de capacidad de transporte no se va a disminuir a lo largo de los meses, sino que va a ser cada vez mayor.Por tanto, a pesar de que -como he dicho- he sido desde un principio escéptico total, he tenido la mayor comprensión para sus gestiones en intentar por lo menos recibir transportes de provisiones de países extranjeros de ultramar antes de entrar en la guerra.Alemania dispuesta a suministrar alimentosSin embargo, en su momento Alemania ya se declaró dispuesta a suministrar también alimentos –cereales- en las máximas cantidades posibles inmediatamente después del compromiso de la entrada de España en la guerra. Además, Alemania se ha mostrado dispuesta a sustituir las cien mil toneladas de cereales que están almacenadas en Portugal para Suiza y hacer que lleguen en beneficio de España. En todo caso siempre bajo la condición de la fijación definitiva de la entrada de España en la guerra. Porque, Caudillo, sobre una cosa debe naturalmente haber absoluta claridad: estamos comprometidos en una lucha a vida o muerte y en estos momentos no podemos hacer regalos ¡Por ello si después se afirmara de que España no puede entrar en la guerra porque no recibió prestaciones anticipadas, sería una falsedad! Puesto que inmediatamente después de fijar la entrada en la guerra, una fecha que no se habría dado a conocer al exterior, España habría recibido ya la primera prestación, es decir, cien mil toneladas de cereales. Dudo que en el mismo tiempo se hubieran podido transportar desde el extranjero a España cien mil toneladas de cereales incluso si hubiese habido voluntad de hacerlo. Y por esto también dudo de que esto ocurriera de hecho. La afirmación de que, en caso de que nuestro cereal hubiera sido suministrado de inmediato, se quisiera con ello preparar al pueblo español para su entrada en la guerra por este medio propagandístico, se refuta por otra razón:Vd. mismo, Caudillo, expuso personalmente su preferencia de que el ingreso en el Pacto Tripartito no se hiciese público, ya que Vd. temía que ello perjudicara sus demás gestiones, por ejemplo, la de recibir cereales, e incluso podría haberse llegado a un fracaso total. Pero precisamente por esto cuanto menos hubiera sido posible la entrada en la guerra. No, y quisiera subrayar una vez más queDurante nuestras conversaciones jamás se ha pensado en que la entrada de España en la guerra tuviese lugar hacia el otoño o en el próximo invierno, y queAlemania estaba dispuesta a entregar también prestaciones al gobierno español en el mismo momento en que se estableciera la fecha firme de la entrada en guerra.Cuando bajo la impresión de la necesidad pedí que se le solicitara a Vd. , Caudillo, el aportar al aliado italiano un apoyo por medio de fijar esa fecha hacia mediados o finales de enero, esto es, que autorizara que a partir del 10 de enero comenzara el despliegue alemán hacia Gibraltar a fin de poder iniciar el ataque hacia finales de enero, entonces fue la primera vez que se informó inequívocamente a nuestros negociadores que una fecha tan precoz no podía ser tomada en consideración motivándolo de nuevo en situaciones económicas. Y cuando yo hice que se dejara constancia de nuevo de que Alemania estaba dispuesta a comenzar de inmediato suministros de cereales, al almirante Canaris se le comunicó la respuesta definitiva de que el suministro de cereales no era lo decisivo ya que no podía alcanzar un efecto práctico su transporte por ferrocarril. Además se informó de que -después de que nosotros hubiéramos dispuesto ya baterías para las Islas Canarias y comprometido el envío de bombarderos en picado para reforzar la seguridad- tampoco esto era decisivo, puesto que después de 6 meses de escasez de provisiones las Islas Canarias no podrían sostenerse más.El que en este caso no se trata de asuntos económicos, sino de otros intereses, queda patente en la última declaración, en la que se informa que también por razones meteorológicas no podría llevarse a término un despliegue en esta época del año, sino lo más pronto habría que preverlo para el otoño o invierno.

En efecto, bajo estas condiciones no puedo comprender de qué manera pueda ser imposible ahora un acontecimiento por razones meteorológicas y que antes se quiso considerar imposible por razones económicas. Pues bien, yo no creo que el ejército alemán se vea dificultado en un despliegue de enero por el clima, el que para nosotros nada tiene de extraño. En todo caso en la campaña de Noruega hemos cumplido nuestros objetivos bajo otras condiciones y bajo un riguroso clima en medio de nieve y hielo, dejando aparte que al haber participado soldados y oficiales alemanes en su campaña, Caudillo, no nos son desconocidas las condiciones climáticas de España.Lamento Caudillo su parecer¡Lamento Caudillo, profundamente este su parecer y su posicionamiento! Puesto que:1º Me siento obligado a dar facilidades a mi amigo aliado italiano y ayudarle así en un momento en que ha tenido una desgraciada adversidad. El ataque a Gibraltar y el cierre de los estrechos hubieran dado un vuelco instantáneo a la situación en el Mediterráneo.2º Estoy convencido de que en la guerra, el tiempo es uno de los más importantes factores. ¡Meses desaprovechados muy a menudo no se pueden recuperar!3º Finalmente está claro que -si el 10 de enero hubiéramos podido cruzar la frontera española con las primeras unidades- hoy estaría Gibraltar en nuestras manos. Es decir: se han perdido dos meses que en otro caso hubieran ayudado a definir la historia del Mundo.4º Estoy además convencido de que la situación económica de España se hubiera mejorado y no empeorado al recibir aquello que en todo caso hubiera recibido de parte nuestra, y, al contrario, los suministros que ha recibido realmente España de ultramar en ese periodo solamente pueden ser una fracción en comparación de lo que en cualquier caso hubiera recibido inmediatamente por parte nuestra.Pero dejando todo esto a un lado, Caudillo, quisiera hacerle las siguientes observaciones:La entrada de España en esta guerra no la contemplamos solamente como una acción en beneficio de los intereses de Alemania e Italia. España misma ha planteado muy amplias reivindicaciones territoriales, las que tanto el Duce como yo nos hemos mostrado dispuestos a satisfacer en la medida en que se coordinen, compaginen de alguna manera, para Europa y sus Estado, con un aceptable nuevo orden de las colonias africanas. Y además me permito indicar que la mayor parte del inmenso coste de sangre en este combate lo soporta hasta ahora Alemania en primer lugar, y luego Italia, y ambos, a pesar de ello, solamente han presentado modestas reivindicaciones. Pero en cualquier caso prioritariamente sólo puede proponer la fecha de una operación militar aquel que ha tomado sobre sus hombros la carga más pesada de la guerra y por tanto debe calcular en la planificación general de un enfrentamiento militar que es en todo caso de una amplitud mundial. Es pues perfectamente comprensible el que yo no tenga otro objetivo ante los ojos que el del éxito final. Por cierto, precisamente mi apremio en este caso, Caudillo, demuestra la fuerza de mi sentido de la responsabilidad, también respecto a mis aliados. Puesto que en cualquier sitio que puedan aparecer dificultades en el transcurso de esta guerra mi inflexible voluntad será ayudar en esta situación y mi determinación la de reparar en la limpieza final aquello que en un momento u otro de esta guerra haya salido quizá en principio mal. Esto afecta también a España. España jamás tendrá otros amigos que los que tiene en la Alemania e Italia de hoy a no ser que se convierta en otra España, pero esta otra España sería sólo la España de la decadencia y del colapso final. Unicamente por esta razón, Caudillo, creo que nosotros tres, el Duce, Vd. y yo estamos unidos por la más extrema obligación de la historia que nunca se pueda dar y que por ello en esta histórica confrontación debemos obedecer al superior mandamiento del conocimiento que en tiempos tan difíciles más puede salvar a los pueblos un corazón valeroso que una al parecer inteligente precaución.Por otro lado, Caudillo, esta guerra está ya decidida, sin importar que transitorios éxitos crean los ingleses poder alcanzar en algún lugar de la periferia. Pues independientemente de esto, permanece el hecho de que está quebrantando el poder británico en Europa y que la mayor maquinaria militar de todo el mundo está dispuesta para cualquier otra misión que se le encargue para solucionar algo. ¡Y cuan bueno y confiable es este instrumento, el futuro lo demostrará!Reciba mi saludo cordial de camaradaSuyo Adolf Hitler.»
Franco lee y relee los duros reproches de su amigo alemán. Piensa en la respuesta y manuscribe varios borradores que guardará hasta después de encontrarse con Mussolini y Ciano. Prepara el viaje con Serrano. La situación no cambia mucho y la forma de afrontar las demandas que planteen los amigos italianos, no variará gran cosa de cómo hasta ahora se han presentado a los alemanes. Con la única diferencia de que a Mussolini le podrá hablar con más confianza. Hacia él tiene más cercanía y admiración. El nueve de febrero firma un breve decreto por el que cede el poder durante su ausencia a un triunviro. «Habiendo de estar ausente del territorio nacional durante algunas horas, y al objeto de que la jefatura del Estado y del Gobierno no carezca de titular, encomiendo temporalmente el ejercicio de las funciones de la misma para casos de necesidad interior durante dicha ausencia, a Don José Enrique Varela Iglesias, Ministro del Ejército, Don Juan Vigón Suerodíaz, Ministro del Aire y Don Esteban Bilbao Eguía, ministro de Justicia, quienes adoptarán conjuntamente, por razones de urgencia, las resoluciones a que hubiera lugar, a reserva de mi ulterior ratificación.» El doce de febrero los dos dictadores mediterráneos se abrazan en Bordighera. También en esta ocasión es la primera vez que se encuentra con su igual. La guerra había aplazado el viaje que Franco tenía previsto hacer en el verano del 39 para agradecer al Duce su inestimable apoyo en la contienda española. Ahora se trata de hablar sobre la incorporación de España a la lucha del Eje. Mussolini cumple con ello el encargo de Hitler, pero lo hace sin fe y sin presionar en modo alguno al Caudillo. En sus propias carnes está sufriendo los reveses de sus armas frente a los británicos y su propia pasión imperial se le está diluyendo. Las conversaciones se desarrollan en sesiones de mañana y tarde. Cada parte hace su juego, expone, escucha y toma notas.
«El Duce recuerda al Caudillo que él ha sido siempre muy reservado respecto a la actitud de España. Cree, como el Caudillo, que España no puede permanecer fuera de la guerra, pero la fecha y modo de su participación en la misma sólo España lo puede decir. Entrar en una guerra es harto serio para que lo soliciten terceros. Si, por un absurdo inadmisible, triunfasen las democracias, la primera en sufrir las consecuencias sería España. Los problemas africanos de ésta no encontrarían solución y además, Inglaterra trataría de desintegrar la unidad española para impedir que España hiciese una política autónoma. En esta guerra se decide el destino del mundo para larguísimos años. España no puede permanecer al margen. Pero el Duce repite que el problema sólo concierne a España. Dijo a Hitler que hablaría, pero no presionaría. Y Hitler afirmó: «Estoy dispuesto a prestar todas las ayudas posibles y haré honor al protocolo de Viena. Sólo pido que las tropas alemanas puedan tomar Gibraltar.» Hitler tiene mucha simpatía personal por el Caudillo, mucha simpatía por España y mucho deseo de que España entre en la política militar del Eje.
… [El Caudillo] Hablará con toda franqueza, exponiendo entera y libremente su pensamiento. Tiene plena confianza en el Duce y le considera un amigo grande y probado del pueblo español.Cuando estalló la guerra europea, España tuvo la amargura de no poder intervenir. La lucha nos sorprendía en un momento difícil. España tenía que liquidar la victoria, pacificar el país y unificar los varios partidos para hacer triunfar la revolución…. Las peticiones españolas se referían a lo que corresponde a España en Africa por razones naturales, y que Francia, trozo a trozo, le arrancó en momentos de debilidad y decadencia política: particularmente Marruecos. España no quiere nada regalado. Quiere combatir y librarse del dominio inglés y francés. Quiere su independencia económica y política.»España cree en la victoria del EjeAl final de la sesión de la mañana el Duce hace el siguiente resumen del pensamiento de Franco:»España entrará en la guerra cuando se cumplan estas dos condiciones:1) envío de bastante trigo.2) aceptación de sus aspiraciones coloniales.Caudillo. Dice que es exactamente así.Duce.- Pregunta si, en caso de que hubiese nacido en los alemanes la sospecha de que España no quiere entrar en guerra como consecuencia de la no realización del desembarco y de los fracasos italianos, puede asegurar lo contrario al Führer.Caudillo.- Absolutamente. La fe española en el éxito del Eje es igual a la del primer día.»Y al final de la tarde las conclusiones que presenta Mussolini sobre lo que piensan los españoles son estas:»1. España cree en la victoria del Eje.2. Antes de entrar en guerra España necesita resolver el problema triguero.3. Ha de revisarse el artículo 5 del pacto de Viena, puesto que no basta para resolver las aspiraciones españolas.Si estos dos últimos puntos se solucionasen, ¿entraría España en la guerra? ¿Y cuándo?Caudillo.- El que España entre en guerra depende más de Alemania que de la propia España. Cuanto antes Alemania ayude, antes prestará España su apoyo a la causa fascista mundial.»
Ni Franco ni Mussolini pueden maquillar la realidad de la situación y cumplido el objetivo encomendado, el Duce remite al Führer el acta de la reunión acompañada de una carta. «Le reitero mi opinión, le dice, de que España no se halla hoy en la situación de embarcarse en ninguna guerra, tal como está, muerta de hambre, desarmada y agitada de fuertes tendencias (burguesía y nobleza anglófilas) que nos son hostiles; a lo cual hay que añadir el haber sufrido varias catástrofes naturales. Creo que podremos atraerla a nuestro lado, pero no ahora.» Y es que en el fondo Mussolini tenía razón. La no entrada de España en la guerra europea occidental contra Inglaterra (otra cosa hubiera sido si el conflicto hubiese estallado de inicio contra la Unión Soviética), fue fruto de las circunstancias. No de diferencias políticas. La agonía de una España maltrecha y paupérrima, deprimida y devastada, destrozada, que a duras penas luchaba por sobrevivir, para no morir de inanición, fue la causa principal, entre otras, de que frenara su beligerancia y el ataque a Gibraltar. Las relaciones entre Hitler, Mussolini y Franco fueron todo lo sinceras que una brutal situación de guerra podía permitir. La España del comienzo de los años cuarenta, estaba política, ideológica y militarmente alineada con el Eje.
De regreso a Madrid Franco prepara su respuesta a la carta de Hitler del 6 de febrero. La fecha el 26, veinte días después, y lo primero que dice es que le contesta de inmediato. Expone que nadie tiene que convencerle de la misión histórica que une a los tres dictadores. Hace protesta de su expresa lealtad y de la misma convicción política que en un destino común ha unido a Italia, Alemania y España. Repasa la cuestión de la ayuda prometida, que tan sólo en esta ocasión -por vez primera- se presenta sobre hechos concretos. Y en cuanto a los derechos territoriales reclamados, replica que no son excesivos y que a la vista del comportamiento de Francia, el punto quinto del protocolo de Viena (firmado por Serrano en Ayete, tras la entrevista de Hendaya) ha quedado obsoleto, y con él el resto del documento.
«Querido Führer,Su carta del 6 de febrero me induce a contestarle de inmediato puesto que parece que debo darle algunas explicaciones y reafirmarle mi lealtad.
Igual que Vd. estoy convencido que una misión histórica nos une indisolublemente a Vd., al Duce y a mí. No preciso que se me convenza al respecto puesto que como ya le he dicho más de una vez esto lo demuestra sobradamente nuestra guerra civil desde su mismo comienzo y en todo su desarrollo. Comparto su opinión de que la situación de España a ambos lados del Estrecho nos obliga a ver a Inglaterra, que quiere mantener allí su dominio, como nuestro mayor enemigo.
Donde hemos estado siempre, seguimos estando hoy, con firme resolución e inconmovible convencimiento. Por ello no debe dudar Vd. de la incondicional sinceridad de mis convicciones políticas y en mi absoluto convencimiento de la comunión de nuestro destino nacional con los de Alemania e Italia. Con la misma franqueza le he expuesto desde el principio de nuestras negociaciones la situación de nuestra economía, que es la única responsable de que hasta la fecha no se haya podido fijar el momento de la intervención de España.
Si Vd. reflexiona sobre las dificultades de nuestra posguerra, recordará que yo jamás fijé un plazo tan corto para nuestra entrada en la guerra. Permítame decirle lo siguiente, Führer: el tiempo transcurrido hasta ahora no es tiempo totalmente perdido. Desde luego que no hemos recibido tanta cantidad de cereales como la que Vd. nos ofrece, ni establecer stocks, pero sí una parte de las necesidades diarias del pueblo para el pan cotidiano. En otro caso, una gran parte de la población habría perecido de inanición.
Hay que reconocer también que Alemania solamente en el último momento confirmó su oferta de un eficaz apoyo respecto al abastecimiento con bienes alimenticios. Solamente ahora nos movemos sobre hechos y a la vista de esta base de partida mi deseo es que las negociaciones se aceleren todo lo posible. Para este fin le he enviado hace unos días algunos datos sobre nuestras necesidades en provisiones y las necesidades en el campo de la economía en general y en el de lo militar. Estos datos se pueden revisar de nuevo, ordenar, justificar y volver a tratar sobre ellos para que podamos llegar a una decisión rápida, lo que ambos queremos de corazón. Seguro que Vd. puede comprender que en una época en que el pueblo español padece hambruna y conoce todo tipo de privaciones y sacrificios, seguro que es poco apropiado el pedirle nuevos sacrificios si mi llamamiento no viene acompañado previamente de una mejora de la situación que permita antes realizar una hábil propaganda de la confiable amistad y la eficaz ayuda del pueblo alemán que deberá despertar de nuevo en el pueblo español el sentimiento de sincera amistad y admiración que siempre ha abrigado hacia su nación.
Mi observación sobre el clima era solamente una respuesta a su indicación, pero en ningún caso un pretexto para aplazar indeterminadamente lo que en el momento adecuado será nuestro deber.Hace poco, en la reunión en Bordighera, he demostrado ante todo el mundo mi decidida posición. Esta entrevista fue al mismo tiempo un llamamiento al pueblo español mostrando en que dirección están sus deberes nacionales y la salvaguardia de su existencia como una nación libre.
Quisiera exponerle aún una duda: el cierre del estrecho de Gibraltar no es sólo indispensable para una descarga de Italia sino también seguramente una condición previa para la finalización de la Guerra. Para dar a este cierre todo su aniquilador sentido se debe cerrar al mismo tiempo el canal de Suez. Si no se cumple esta segunda condición debemos indicar sinceramente, ya que queremos exponerle el más eficaz despliegue de nuestro poder militar, que entonces la situación de España va a ser extremadamente difícil en una guerra prolongada.
Vd. habla sobre nuestras reivindicaciones y las compara Vd. (sic) con las suyas y las de Italia. Yo no creo que se puedan tildar de excesivas las reivindicaciones españolas. Y mucho menos cuando se tienen en cuanta los enormes sacrificios del pueblo español en una guerra que fue precursora de la guerra actual. Sobre este punto falta también una constatación en nuestros acuerdos. El acta de Hendaya, permítame que se lo diga, se expresa sobre esto muy indeterminadamente y Vd. seguro que se acuerda de la razón, que hoy ya no existe, de haber dejado esa indefinición. Los siguientes justos hechos han dejado ya tras de sí los condicionamientos que motivaron en octubre dicha acta, por lo que ésta debe considerarse hoy como obsoleta.
Esto es lo que, querido Führer, replico a sus declaraciones. Con ello quiero eliminar cualquier sombra de recelo y manifestar mi decidida completa disponibilidad de ponerme a su lado, unidos por un destino común, lo que en caso de eludirse significaría una autoliquidación y una traición de la buena causa que yo conduzco y represento en España. No se precisa confirmación de mi convicción en la victoria de su causa justa de la que seré siempre leal partidario
Con un cordial saludo su sincero amigoFirmado F. Franco»

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    Acerca de Jesús Palacios

    Jesús Palacios es periodista e historiador especializado en Historia Contemporánea. Ha sido profesor de Ciencia Política y es colaborador honorífico de la Facultad de Ciencias Políticas (UCM). Miembro del Consejo Editorial de la revista www.kosmospolis.com y autor de "Los papeles secretos de Franco", "La España totalitaria", "23-F: El golpe del Cesid", "Las cartas de Franco", "Franco y Juan Carlos. Del franquismo a la Monarquía" y "23-F, el Rey y su secreto". Es coautor junto con Stanley G. Payne de "Franco, mi padre" y "Franco, una biografía personal y política", con ediciones en (Wisconsin Press), Estados Unidos, (Espasa), España y China. El general Sabino Fernández Campo, que fuera jefe de la Casa de Su Majestad el Rey Juan Carlos I, ha afirmado que: “Jesús Palacios es un escritor importante, que proporciona a sus obras un extraordinario interés y que las fundamenta en una documentación rigurosa y casi siempre inédita hasta entonces”... “A Jesús Palacios le deberá la Historia de los últimos tiempos muchas aclaraciones que contribuirán a que en el futuro se tenga un concepto más exacto, más neutral y más independiente de lo sucedido en momentos decisivos de la vida de nuestro país.”