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Extractos de la obra Las cloacas del 11-M

Extractos de la obra Las cloacas del 11-M
(…)12.7.– “No había furgoneta”
Retomando el hilo, ya hemos visto la inverosimilitud de la pretensión del CNI de que no se enteraba de las cosas sino mucho después de ocurridas. El caso de la Renault Kangoo es paradigmático. Dezcallar justificó el haber sacado la nota a las 15:51 por no saber nada de ese asunto: «Es la hora de salida de la nota. Casi las 16 horas, pero yo no sabía que había furgoneta en ese momento». Habla en primera persona. ¿Pero se puede decir lo mismo del CNI? Dezcallar da a entender que sí. Por lo visto, estuvieron in albis hasta la comparecencia del ministro a las 20:35: «Cuando salió el señor ministro del Interior y anunció que había una furgoneta, entonces vimos la furgoneta y lo que hicimos fue apuntar en un papelito la matrícula y empezar a trabajar sobre eso» (ídem: 50).
Hay momentos en que parece que el Director de la “Casa” está de guasa. Hay que tener en cuenta que los diplomáticos, y más si son aristócratas, se mueven como pez en el agua en el gran mundo, y están acostumbrados a relativizar y devaluar la gravedad de las cosas con ironía y fino humor: con sans—façon, de lo que Dezcallar se mostró como un consumado maestro en su comparecencia parlamentaria. Lo del “papelito” se comenta por sí solo. También la manera de utilizar el verbo “haber”, que nos sigue sugiriendo que el Sr. Dezcallar era bastante escéptico sobre la autenticidad de la furgoneta, a la que lanzara, a modo de mal de ojo, aquello de: «¿No será esto que nos han puesto una trampa para engañarnos y ganar tiempo y dirigir la investigación en otro sentido?».
¿Pero puede alguien creerse que el CNI se enterase por televisión de la existencia de lo que sería una de las pruebas fundamentales del 11-M, como cualquier españolito de a pie? Si así fuera, habría que cerrarlo. Pero ya hemos visto que todos los indicios apuntan a lo contrario. Cuando el portero Garrudo rectificó aquello de que «estaban todos los cuerpos de Seguridad», parece apuntar a la eventual presencia de agentes secretos en Alcalá. La misma nota clasificada del día 14 sobre los detonadores y la “reivindicación en sí misma” que suponía la cinta de versos coránicos parece, más bien, una reivindicación de la presencia del CNI en Alcalá de Henares, que debió ser el único testigo, junto al portero, de la visibilidad de los detonadores. Jaime Ignacio del Burgo (2006: 70), que tiene buenas fuentes de información lo dejó bien claro: «El CNI, aunque no participara directamente —porque no era su misión— en las investigaciones policiales, tuvo conocimiento en tiempo real del descubrimiento de la casete. ¿Por qué si era la cinta toda una reivindicación por parte del terrorismo islamista no rectificó su posición inicial e informó al Gobierno del resultado de su análisis?».
Éste es el punto fundamental. Aun dando por buena la inverosímil confesión de la incompetencia del Centro para enterarse de las cosas, no se entiende su mutismo una vez que ya se han enterado. Dezcallar describió así el tiempo que duró la primacía de ETA (ídem: 46):
«¿Cuándo? No es Paulo de Tarso sorprendido de repente por la revelación en forma de rayo que llega de las nubes. Es un proceso gradual. Poco a poco se va uno convenciendo de que hay una pista que tiene menos fuerza y que otra pista va ganando fuerza. El primer elemento lo tenemos cuando se encuentra la furgoneta. El segundo elemento, cuando en nuestra investigación vemos las placas y estudiamos inmediatamente si esa matrícula está o no está, y vemos: ¡caramba, no está! Otro elemento es cuando dentro de la furgoneta se encuentran algunas cosas a las 20:00 de la tarde de ese día. Empezamos a ver todas esas cosas y decimos: ¡Ojo!, un momento, a lo mejor lo que hemos dicho antes, con los datos que teníamos disponibles —casi totalmente decía la nota—, con bastante rotundidad pensábamos que era ETA. Eso va perdiendo fuerza a partir de las 20:00 de la tarde».
Curioso el lapsus de que la primera pista se produce «cuando se encuentra la furgoneta». ¿No habíamos quedado en que el CNI no sabía «que había furgoneta»? Además, por la mañana nadie pensaba que esa furgoneta fuera sospechosa de islamismo… salvo el CNI, que la consideró mucho más tarde “una reivindicación en sí misma”…
Pero vayamos a lo que importa. Cinco horas después de la nota de las 15:51 el CNI comprueba «que la furgoneta no tenía matrícula falsa, que es lo que suele hacer ETA; la furgoneta no tenía una bomba trampa, que es lo que suele hacer ETA. Había elementos que poco a poco iban haciendo pensar que la tesis de ETA iba debilitándose» (ídem: 7). ¿Por qué no rectificaron, entonces, «inmediatamente» también, ese diagnóstico que «va perdiendo fuerza»? ¿Por qué no sacaron del “error” al Gobierno, si es que lo era? ¿Es que estaban a verlas venir? El que todas sus rectificaciones se produjeran después del vuelco electoral parece sugerir esto último.
Abundando en esto tenemos un singular episodio ocurrido entre Ana Palacio y el Director del CNI. La ministra de Exteriores se había significado especialmente en la tarde del día 11 en conseguir una condena explícita de la ONU de ETA, un gran logro del Ejecutivo sin precedentes en la historia. Pero los hechos, a medida que avanzaba la tarde-noche, se iban decantando en dirección contraria, especialmente después de la extraña reivindicación de los atentados por el grupo Abu Hafs al Masri a las 9 de la noche, por lo que es perfectamente imaginable el desasosiego que debió ir apoderándose del ánimo de la ministra, lo cual le impulsó a llamar a Dezcallar «en la madrugada del 11 al 12» para que le sacara de dudas. Así relató la conversación que mantuvieron (CI, 11, 137):
«Consigo hablar con él muy tarde por la noche. Me dice varias cosas y entre ellas: “He hablado con mis colegas y esta reivindicación no me parece que tenga demasiada credibilidad, porque son los mismos que entre otras cosas reivindicaron, como dice usted, el apagón de Nueva York”. Como ya había aparecido el coche le pregunto: ¿Y todo esto que está pasando? Y me dice: “Tranquilidad, no parece que haya ningún terrorista suicida. Normalmente, el terrorista suicida antes de hacerse explotar grita para darse valor y nadie ha oído esos gritos. No tenemos ningún otro indicio como, por ejemplo, lo que llamaban actividad radiológica”».
Dezcallar sigue manteniendo que ha sido ETA en la conversación noctámbula con Ana Palacio, con la misma rotundidad que la nota de las 15:51. Ana Palacio le preguntó expresamente por la furgoneta pero Dezcallar ni siquiera la nombra. ¿Por qué? ¿Es entonces cierto que cuando aparece en TV la Kangoo y comprueban su matrícula a las 20:00 hrs. la hipótesis de ETA «va perdiendo fuerza»? ¿O, a lo mejor, lo que pensaba en esos momentos el CNI —o parte de él— es que en todo ese asunto había un gran gato encerrado? ¿”Había” o “no había” furgoneta, con todos sus ingredientes?
El Director del CNI resaltó en la Comisión —quizás porque pensaba que alguien lo podría poner en duda— que él daba sus opiniones al Gobierno «con toda sinceridad y con toda honradez» (ídem: 8). A pesar de las contradicciones que hemos consignado en algunos momentos, no seremos nosotros quienes dudemos de su palabra. Lo que no nos hubiera gustado, en cualquier caso, es estar en su piel en aquellos convulsos días.
(…)
13.3.– Abu Hafs al MasriCon una perfecta sincronización, sólo un poco después de que el ministro Acebes anunciara la aparición de la cinta coránica en la Kangoo y la apertura de una segunda línea de investigación, un grupo autodenominado las Brigadas de Abu Hafs al Masri, supuestamente ligado a Al Qaeda, envió a un diario árabe editado en Londres, Al Quds al Arabi, un mensaje electrónico reivindicando la autoría de los atentados echando las culpas a Aznar por su participación en la guerra de Irak «Es parte de un ajuste de viejas cuentas con España, el cruzado y aliado de América en su guerra contra el Islam».
Nunca se ha dado la menor credibilidad a este grupo. La Agencia de inteligencia israelí MEMRI, por medio del analista Yigal Carmon, puso en duda el mismo día 12 la veracidad de la noticia. Igualmente lo hicieron los demás servicios de inteligencia internacionales. Jorge Dezcallar lo describió mejor que nadie, con su habitual —y gráfico— desenfado (CI, 7, 28):
«Es un grupo que no tiene ninguna credibilidad entre la gente que entiende de esto, porque es como un buzón de correos, es una gente que afirmó que habían sido ellos los causantes del apagón de la costa oeste de Nueva York; es decir, se apuntan a un bombardeo, y nunca mejor dicho. No, la verdad es que no; la verdad es que ese grupo no es serio, ningún servicio de inteligencia le da la más mínima credibilidad».Sin embargo, desde que Acebes abriera la espita del islamismo nos encontramos, en cuestión de hora y media, con tres hechos concatenados que dasataron todo un vendaval islámico: la cinta coránica, la reivindicación de Abu Hafs y la noticia de los suicidas de la SER y ZP. Tres hechos que tienen el común denominador de recaer sobre ellos la sospecha de que son falsos, aunque el último no es sospecha sino evidencia. ¿Puede considerarse esto una casualidad? Recordemos una de las famosas “Reglas de Moscú” que desarrolló la CIA para sus operativos destacados en el frente del Telón de Acero: “Una vez es un accidente; dos veces es una coincidencia; tres veces es una acción enemiga”.
La manera con la que Dezcallar describe a las Brigadas: «buzón de correos», nos está invitando a pensar en otra cosa. En el argot de los servicios secretos un “buzón” es un escondite, un lugar (un hueco en una casa abandonada, la hendidura de un árbol, la cisterna de un baño público…) donde se deja información para los propios infiltrados, o, si se trata de un buzón enemigo que ha sido detectado, para desinformar o despistarle. ¿Se está refiriendo el ex director del CNI a que las Brigadas de Abu Hafs al Masri son un “buzón” en el argot al uso de los servicios secretos, unas siglas que pueden haber sido utilizadas por cualquiera para depositar mensajes interesados? Esa impresión da.
Lo que sí ocurrió, en cualquiera de los casos, es que el fin pretendido se consiguió. Al día siguiente todos los medios de comunicación se hicieron eco de la dudosa fiabilidad del mensaje. Sin embargo, en el inconsciente colectivo ya estaba grabado que los autores de los atentados eran unos suicidas pertenecientes a Al Qaeda que habían viajado en una Renault Kangoo que contenía una cinta con salmos coránicos. La partida se estaba decantando claramente en el campo de los que propalaron esa especie.
(..)18.1.– El mejor testigo el juezEn su sentencia, los jueces del Tribunal dejaron patente que lo de la mochila o bolsa de Vallecas para ellos era un asunto clarísimo (SAN, 514):«El Tribunal no tiene duda razonable alguna sobre la autenticidad de la bolsa de deportes conteniendo un artilugio explosivo, que fue desactivada en la madrugada del día 12 de Marzo en el parque Azorín de Madrid, ni de su procedencia: la estación de El Pozo».
Veamos cómo fundamenta su convicción. Hasta la redacción de la Sentencia, los hechos conocidos eran que en el tren nº 21.435 de la estación de El Pozo explotaron dos bombas en los vagones 4 y 5, y que el policía municipal nº 7.801-3 encontró en el piso de abajo del vagón nº 3 una mochila “trampa”, o “señuelo”, la cual fue neutralizada por los Tedax en el andén de la estación. Es decir, tres bombas. Sin embargo en los hechos probados se dice: «Otras cuatro bolsas o mochilas con explosivos fueron colocadas en el tren 21435».
¿De dónde sacan la cuarta? Así lo explican: «Dos (de las cuatro bolsas “colocadas”), puestas en el piso superior de los vagones cuatro y cinco, explosionaron a las 7:38 h. en la estación de El Pozo. Las otras dos, dejadas en los pisos inferiores de los vagones segundo y tercero, no llegaron a explosionar, siendo una neutralizada en la estación y la otra desactivada en el parque Azorín de Vallecas por los especialistas de explosivos de la policía» (SAN, 174). Es decir, que el Tribunal manifiesta que la mochila de Vallecas estaba en el vagón nº 2, y además en el piso inferior, igual que lo que vio el municipal en el vagón nº 3.
¿Y cómo así?, nos preguntamos. ¿Quién la descubrió? ¿Quién la vio debajo del asiento del vagón nº 2? ¿Quién la sacó al andén? ¿Quién la abrió para saber que era la mochila de Vallecas, extremo sin el cual nos parece imposible la identificación? Hemos mirado de arriba a abajo en las 721 páginas de la Sentencia pero no hemos encontrado la menor referencia que dé cuenta de ninguna de esas incógnitas. Alguien se preguntará: ¿Pero cómo es posible? ¿Las sentencias no tienen que estar motivadas? Y así es, pero el motivo, en este caso, no ha dejado ni rastro de su existencia.
Cegada la vía de la Sentencia, no tenemos más remedio que acudir al juicio oral, al Auto de Procesamiento del juez instructor o al Sumario para encontrar las pistas que nos puedan conducir a resolver el enigma que nos acaba de plantear el Tribunal. Ya sabemos que para Gómez Bermúdez lo que no está en el Sumario no existe. Escudriñemos en los 238 tomos y los 93.326 folios de que consta la pieza judicial. ¿Qué encontramos? Nada.
Pidamos ayuda, entonces, al juez instructor. ¿Qué nos dice? Del Olmo recurre a un acto de fé, pero no se pilla los dedos: «El artefacto localizado en la Comisaría del Distrito de Puente de Vallecas, también provenía de éste mismo tren (de la estación de El Pozo), y no es posible determinar en qué vagón fue colocado inicialmente» (S, 217, 84.342). Vayamos entonces a las declaraciones del juicio oral. Ahí deberá haber alguna pista, algún testigo, aunque sea fugaz. Ni rastro. Entonces, ¿qué es lo que ha pasado? Porque, que sepamos, sólo hay testimonios que acrediten que en El Pozo apareció una mochila, una sola, la que se explosionó enfrente del vagón nº 3.
Éste es un episodio que, en un juego de asociaciones y en clave humorística, nos trae a la memoria un pasaje de la célebre poesía de Baltasar del Alcázar, “cena jocosa”:
Alegre estoy, vive Dios.Mas oye un punto sutil:¿No pusiste allí un candil?¿Cómo remanecen dos?Pero son preguntas viles;Ya sé lo que puede ser:Con este negro beberSe acrecientan los candiles.Pero no. No es este, evidentemente, el caso. ¿Qué nos queda, entonces? Pues, continuando con el tono desinhibido del poeta sevillano, sólo se nos ocurre una solución al enigma: que se trastocaron los papeles, y que el famoso “A buen juez, mejor testigo” del romántico José de Zorrilla, se convirtió en el “El mejor testigo, el juez”, con resonancias más profundas del Siglo de Oro.
(…)
26.2.– Cierre de archivoPero de todos los absurdos que rodean a Leganés, ninguno tan chocante como el hecho en sí de la extraña reunión en el piso. ¿Cómo es posible que Jamal Ahmidan —y su banda—, El Tunecino y Allekema Lamari, que no tenían nada que ver entre sí y de los que no constaba que hubieran mantenido ninguna conversación telefónica, acudieran a ese piso después de que aparecieran sus fotografías en todos los periódicos tres días antes? Porque es de presumir que si algo podían tener en común los tres personajes es su presunta pertenencia a la plantilla de confidentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Ya hemos visto el caso de El Chino y de Lamari. También hay indicios de que El Tunecino podría ser confidente policial, como relató el imán Cartagena describiendo lo que se encontró una vez que vio por casualidad a Serhane —que iba con otro en una moto— y le siguió (ídem: 00:30:51):
«Y resulta que la moto… para justo donde la cafetería donde me reunía yo con los agentes. Entro… les dejaba que entren, una vez que estaban dentro, he esperado 2 ó 3 minutos y he entrado, he encontrado Serhane El Tunecino con un agente, el que siempre me veía, siempre se reunía conmigo, sentados».¿Compartían controlador de la UCIE? Pues bien, ¿en qué consiste, en última instancia, la Versión Oficial del 11-M? Pues nada más, y nada menos, que en lo siguiente:
1. Que todas esas tramas que no tenían presuntamente nada que ver entre sí, con moros y cristianos (Toro y Trashorras) inaugurando —¡quién sabe!— la Alianza de Civilizaciones que estaba por llegar; que todos sus miembros, no uno, ni dos, ni tres, TODOS, se ponen de acuerdo entre sí, y se ponen de acuerdo con TODOS y cada uno de los demás “controlados” para darle a las Fuerzas de Seguridad delante de sus narices el mayor golpe terrorista que se haya conocido en España y en toda Europa.2. Que ninguno de los miembros de la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se percataron ni descubrieron —en ninguno de sus confidentes y controlados— que habían puesto en marcha una conspiración de tal envergadura a sus espaldas para dejarles en el más puro de los ridículos
¿Cómo es esto posible? ¿Es creíble que haya podido ocurrir semejante desafuero intelectual? ¿Puede alguna mente de lo que despectivamente se apostrofa como “conspiranoia” haber concebido jamás una “teoría de la conspiración” más sobrenatural y delirante? ¿Y cómo se produjo esa múltiple conexión? El inspector y director de la Instrucción, PN 18.403, nos lo contó (JO, 01-03-44, 00:34:44)
[…] desde el 13 de Marzo hasta el 3 de Abril, estas tres líneas, estos tres grupos juntos con toda, con todos los restos de las líneas, esas líneas generales en el marco de las diferentes investigaciones, seguían todas abiertas, y no teníamos la constancia real de la conexión o de la interrelación de unos individuos con otros. Es en el 3 de Abril, en el suceso del 3 de Abril cuando descubrimos que, efectivamente, personas que estaban enmarcadas en esas diferentes líneas coinciden todas en lo que, básicamente, pudo ser el, la célula o el grupo autor fundamental de los atentados».
Es de cajón. Si antes de la voladura de Leganés no sabían nada de la conexión de esas tramas, y cuando ocurre la explosión se las encuentran a las tres entre los escombros, ¿pues no será que «coinciden todas en lo que, básicamente, pudo ser el, la célula o el grupo autor fundamental de los atentados»? ¡Caballo blanco de Santiago…!.Pero ¿podrían, a lo mejor, explicarnos cómo se juntaron esos individuos de las diferentes tramas en Leganés antes de que el piso que los hizo “coincidir” saltara por los aires? Porque todavía no hemos oído ninguna teoría al respecto. ¿Fueron andando, en automóvil, en autobús? ¿Cómo se citaron? ¿Qué llamadas hicieron entre sí para acudir como un solo hombre al holocausto? ¿Se podría descartar la hipótesis de que hubieran sido “juntados”?
Más incógnitas de unos sucesos en los que la lógica del comportamiento humano apenas tiene cabida como explicación. Preferimos, por tanto, acudir al sentido común. Y nadie mejor que la persona que abrió la veda para descubrir la verdad de lo que ocurrió en los terribles atentados de Madrid, el periodista de El Mundo Fernando Múgica, para cerrar este capítulo póstumo:
FERNANDO MÚGICA: ellos [las Fuerzas de Seguridad]… no saben quiénes van a ser los culpables hasta, primero, la semana en que aparece el análisis oficial de la furgoneta Kangoo que, como sabes, fue el veintitantos de Marzo, y después salen las fotos en los periódicos. Ahí sí, ahí dicen: “éstos van a ser los malos”. Ahí los han seleccionado, y alguien dice: “Pues si tú metes a éste, yo meto a mi radical El Tunecino”. Y el CNI dice: “Si tú metes al radical El Tunecino yo meto a Lamari”. ¡Fíjate por dónde!, y empiezan unas discusiones entre ellos brutales. Y al final dicen: “¡Bueno! ¡Consenso! ¡Éstos son los malos!”. Y entonces salen en los periódicos. ¿Y qué hacen los terroristas cuando ven su foto en grande en el periódico? Pues irse a tomarse un café. Es lo más lógico. O sea, tú ves que a ti, Fernando Múgica, le acusan del 11-M, con su cara en el periódico, y entonces yo digo: “Bueno, pues nada, me voy a tomar un croissant con un cafelito”, y sigo con mi vida. ¡No se lo cree nadie! ¡Se hubieran ido en una patera, si es preciso!».LUIS DEL PINO: ¿Qué pasó en Leganés?FERNANDO MÚGICA: Pues que los reunieron allí y adiós buenas tardes. Eso es lo que pienso.CONTERTULIA: ¿Pero estaban muertos ya, antes de la explosión?FERNANDO MÚGICA: Ahhh, no tengo ni idea si estaban muertos, si estaban vivos, si quiénes estaban. No tengo ni idea, pero es un “cierre de archivo”, que así se llama en el argot de inteligencia, y punto final. Volaron por los aires y se acabó.

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