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Placas del callejero arrancadas por la Ley de Memoria Histórica

¿Memoria histórica?

 El proyecto de aprobar en el Congreso de los Diputados una ley de “memoria histórica” me produce varias reservas intelectuales. No porque esté en contra de la memoria y tampoco en contra de la , sino por la utilización sesgada y oportunista que percibo en el mensaje de los principales promotores de este plan.

La memoria es una cualidad individual y regularla por decreto es inducir a lo políticamente correcto, lo que en muchos casos nada tiene que ver con la verdad objetiva, o en el mejor de los casos al menos la condiciona.

Ninguna época de nuestra historia debe estar vedada, ni a la investigación ni al conocimiento. El acercamiento a cualquiera de ellas debe hacerse con objetividad y solo es posible lograrlo en un marco de rigor y libertad. Cualquier ley que previamente al trabajo de investigación señale las ideas fuerza que han de seguirse y cuáles deben ser las conclusiones deseadas, condiciona de origen el trabajo y en consecuencia fomenta el adoctrinamiento histórico que en nada se compadece con la realidad histórica.

La historia no es una ciencia exacta, no estudia fenómenos sujetos a leyes físicas. Estudia acontecimientos singulares e irrepetibles y cuya interpretación está siempre abierta a nuevos datos. No existe una verdad permanente, es decir no sujeta a revisión. Todo es revisable siempre que pueda objetivarse. Una ley por su propia naturaleza no es revisable, es permanente mientras esté en vigor y en España se está más acostumbrado a acatar su letra que su espíritu. El historiador logra la objetividad gracias al respeto hacia su obra; al buscador de subvenciones históricas solo le preocuparía obtener la renovación anual en las ayudas obtenidas de antemano gracias al cumplimiento de unos parámetros previos.

El proyecto da la impresión de ser un intento de legislar una causa general contra el régimen de Franco sin atreverse a decirlo claramente. De ahí la utilización que se hace del lenguaje ¿Quién puede mostrarse contrario a la memoria o a la historia? Después se sacan a colación las víctimas, pero solo algunas. En ningún momento me he visto reflejado como tal y creo firmemente que todos los españoles que participaron en la , y sus descendientes, fueron víctimas de ese enfrentamiento que se inicia bastante antes de 1936.

Creo que para cualquier análisis desapasionado hay que partir de dos datos objetivos:  1º Franco ganó la guerra y 2º casi cuarenta años más tarde murió en su cama de muerte natural y sin estar acosado por ningún movimiento de resistencia política.  Después de morir Franco, el pueblo español optó mayoritariamente por la reforma y más tarde por la Constitución en el marco del consenso que formuló Fernández Miranda con la fórmula de la ley a la ley. De este acuerdo participaron tanto los partidos surgidos del régimen anterior como PSOE, PSP y PCE. No fue por lo tanto un arreglo político impuesto, sino aceptado libremente por los líderes del momento y que éticamente debe respetarse.  A pesar de la gran cantidad de libros sobre la guerra, claro que es aconsejable seguir investigando y trabajando sobre ella, pero no por imperativo legal y gracias a subvenciones interesadas.

La guerra fue un fracaso generacional, como lo son todas las guerras civiles. Nada mejor para entenderlo que las palabras de Manuel Azaña, en un discurso el 18 de julio de 1938 en Barcelona, “cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones…,si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla…y nos envían…el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón.” Esta reflexión del político que lo fue todo en la II República, no hace más que remachar seis años después el “no es eso, no es eso” de Ortega y Gasset cuando analizaba el asesinato, la quema de edificios religiosos y el sesgo excluyente que adoptó la República tanto en el ámbito ideológico como en el social.

Nuestra generación y la siguiente, si tenemos una deuda. El deber de desvelar lo acaecido el 11 de marzo de 2004 en el ataque terrorista a varios trenes de cercanías con casi 200 muertos y varios miles de heridos. El señor ZP y otros como Rajoy, demostraron  su irresponsabilidad al  favorecer la ocultación en la autoría intelectual del atentado, a lo que estaban obligados, como sucesivos Presidentes del Gobierno de España.

Acerca de Diego Camacho

Coronel de Infantería, diplomado en Operaciones Especiales. Licenciado en Políticas y profesor de Relaciones Internacionales.

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