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Democracia para idiotas

Este no es un libro contra la ni contra el Estado. Es un libro sobre la y sobre el Estado, o más bien, sobre la idea misma de y sobre la posibilidad de convivencia entre y Estado. No pretendo hacer ningún gran descubrimiento, otros muchos antes que yo, y mucho más sabios, han escrito sobre el tema, tan solo quiero aclarar lo esencial sobre el mismo. Es una señal del estado de nuestra condición que un libro así deba escribirse, pero si olvidar el pasado es la mejor forma de condenar el futuro, adulterarlo significa negarnos uno. Sé que trato sobre un tema polémico, cuasisagrado, pero apelo directamente a la conciencia del lector, y que decida él si después de leer estas páginas las considera necesarias y oportunas. Me sirvo de la historia, de la ciencia política y de las ideas de los hombres y mujeres, no es por tanto, un manifiesto ni mera opinión, y aunque así lo parezca en algunas ocasiones, ni siquiera es lo que me gustaría escribir, pero en honor a la verdad me debo a lo que hay, no a lo que me gustaría que hubiese.

Decía Burnham a mediados del siglo XX que “una ideología no es una teoría científica, sino que es no-científica y comúnmente anticientífica. Es la expresión de deseos, esperanzas, miedos e ideales, no una hipótesis sobre acontecimientos –aunque las ideologías son tomadas por aquellos que las sostienen como teorías científicas-, y quizás por eso mismo sean el cemento de toda sociedad. De hecho, lo esencial en una ideología no es su grado de adecuación científica sino su capacidad para atraer corazones y mentes, dando expresión a sus esperanzas y miedos, hablando en nombre de la verdad y por el bienestar de la humanidad, en lugar de mostrarse como lo que realmente son, la justificación de dominio de un determinado grupo social sobre el resto. Por tanto, para Burham, una disputa ideológica, a diferencia de una de carácter científico, nunca podrá ser resuelta pues “las nociones de verdad o falsedad son irrelevantes para las ideologías”. Por consiguiente, el problema al tratar de ideologías no es uno de verdad o lógica, sino de saber qué interés expresa esa ideología, es más, “las ideologías enmascaran lo que está pasando, no solo a los hombres en general, también a los propios líderes”. Aun así, en esta era de la posverdad, como no me considero ideólogo y sí pretendo ser científico, me acercaré al asunto democrático mediante verdades y falsedades, bajo  la esperanza de que los molinos caigan como gigantes.

En su Panfleto contra la democracia realmente existente, Gustavo Bueno escribió a principios del siglo XXI que “un fundamentalista democrático se reconocerá ante todo porque él tiene la convicción de que la democracia parlamentaria es la forma más perfecta a la que ha podido llegar la sociedad política, considerando que las sociedades no democráticas son sociedades atrasadas, arcaicas y en vías de extinción; en rigor no serían verdaderas sociedades políticas. El fundamentalista democrático considerará el título de demócrata como la expresión de orgullo y pureza política más elevado”, ya que “la condición demócrata parece asegurar al que hace profesión de ella la garantía de persona en principio irreprochable en la vida pública, en todos los problemas políticos o morales de que se trate”.

Por tanto, para Bueno, “el fundamentalismo democrático es, sin duda, una ideología (un sistema de ideas socialmente arraigadas en un grupo social enfrentado a otros grupos)”, por lo que no es extraño que las democracias actuales hayan sacralizado “la democracia como si ella fuera el primer motor de toda sociedad política”. De ese modo, “la idea fundamentalista de democracia viene de hecho a convertirse en un mecanismo ideológico que encubre y trivializa, sistemáticamente, multitud de situaciones, relaciones o procesos que poco tienen que ver con la democracia”. Hoy como ayer. Espero que los capítulos que siguen aclaren lo que es la democracia y más importante aún, que dejen claro lo que no lo es, solo así se podrá desmontar el discurso de quienes usan la democracia como parapeto de sus desmanes, de Caracas a Barcelona.

Al haber convertido a la democracia en ideología la hemos transformado en legitimación de un modelo particular de dominación, enmascarándolo y manteniéndolo a salvo de las críticas, incluso de los análisis, en una perfecta operación de propaganda. Durante las manifestaciones contra la política  de austeridad y sus recortes una frase recorrió España, «lo llaman democracia y no lo es». No les faltaba razón a los indignados, quizá su indignación haya llegado demasiado tarde, motivos para ello los había de sobra desde hace lustros. No es algo nuevo, ni mucho menos fruto de la crisis económica desatada en 2008. Como veremos en las siguientes páginas, es una consecuencia lógica e inevitable de nuestra evolución.

Si crees que vives en un régimen democrático auténtico, si crees que sabes lo que es la democracia, y si crees que la democracia es lo mejor para el ser humano, quizás este libro ponga en cuestión ideas que tenías por verdaderas. Será incómodo sí, pero si has llegado hasta estas páginas es porque en tu interior algo te dice que no es así, que hay algo más. Esto es parte de ese algo más, a partir de aquí tú decides si quieres avanzar o quedarte como estabas, quizás te preguntes como Rousseau, “¿para qué buscar nuestra felicidad en la opinión ajena cuando podemos hallarla en nosotros mismos?” En mi caso porque yo no me basto, necesito de los demás para seguir creciendo, de mi familia, de mis amigos, y de todos aquellos que me precedieron en esta labor insana que es cuestionarse todo a todas horas.

El germen de este libro, que sin saberlo llevo escribiéndolo mucho tiempo, se puede establecer en varios artículos publicados en la revista digital Kosmos-polis y, en especial, en un artículo que titulé Teoría de la democracia para idiotas, publicado en La  crítica de León, que pese a su título cosechó cierto éxito. Es un texto pequeño pero denso, en él acababa diciendo que “porque no somos ángeles necesitamos de instituciones como el Estado, el Gobierno o el Parlamento. Pero si quien tiene que limitar sus poderes abdica de su responsabilidad, ¿cuánto tiempo creéis que va a durar la democracia? Sin control, las instituciones serán tomadas por oportunistas primero y por demagogos después, los primeros llevan mucho tiempo en el poder, los segundos acaban de aterrizar en él. En cualquier caso, es nuestra libertad  la que se pierde en este descenso sin fin”.

Pues bien, este libro es una refutación a mí mismo y a la cantidad de mentiras y tonterías sin sentido que se dicen y escriben sobre la democracia por parte de esos demagogos y de las masas que les siguen ciegamente, con eslóganes lanzados a golpe emocional por los nuevos dioses de neón, que en una mezcla perfecta de manipulación e ignorancia elaboran en nuestros días el coctel perfecto de toda gran desgracia humana. La política basura es así, diseñada para los que no tienen tiempo de pensar, fácil de elaborar y engullir, pues degustarla es imposible, pero mental y emocionalmente insana. Las ideas y principios son más difíciles de asimilar, no todo el mundo puede hacerlos entender y que sean aceptados, pero son la fuente de toda la obra humana. Me remito a ellos para explicar la relación de ideas como democracia, libertad e igualdad, y apelo a tu paciencia y comprensión para no perderte entre tanto ruido.

Charles W. Mills creía que “la primera tarea política e intelectual -porque aquí coinciden ambas cosas- del científico social consiste hoy en poner en claro los elementos del malestar y la indiferencia contemporáneos”. Espero haberme acercado un poco a ese objetivo y si al final no encuentras respuestas en este libro, al menos que las dudas y preguntas te hayan asaltado por sus páginas. Con eso, que no es poco, me doy por satisfecho. Al fin y al cabo, solo soy un idiota más.

* Democracia para idiotas, Editorial Sekotia, Madrid, 2019

Acerca de Pedro Ramos Josa

Doctor en Paz y Seguridad Internacional por el Instituto General Gutiérrez Mellado Licenciado en Ciencias Políticas por la UNED.Temas principales de investigación: historia y política de Estados Unidos, la debilidad Estatal, ideologías políticas

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